Cuando una pareja se separa, no solo cambia la estructura familiar, sino que también se transforman las rutinas, los vínculos, la organización del día a día y el equilibrio emocional de todos los miembros del sistema familiarPexels
Anna Batlle Planas, Periodista, 02/07/2026
Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) apuntan a que, solo en España, la custodia compartida "alcanzó cifras récord durante el 2024" y ya está presente en la mitad de los divorcios con hijos, que "fue otorgada en el 49,7% de los casos". En un 46 % de los divorcios, no había hijos a cargo de los adultos implicados (ni menores ni mayores de edad dependientes económicamente).
Para Montse Escobar, psicóloga humanista en Monarka Clinic, el verdadero debate "no debería centrarse únicamente en el reparto de tiempos entre los adultos o en el modelo de custodia elegido". Cuando una pareja se separa, no solo cambia la estructura familiar, sino que "también se transforman las rutinas, los vínculos, la organización del día a día y el equilibrio emocional de todos los miembros del sistema familiar", explica la experta.
La separación no es lo que más daña, sino el conflicto
Sin embargo, no es la separación en sí lo que daña a los hijos de un divorcio, sino "el nivel de conflicto que se mantiene y la forma en que se gestiona emocionalmente todo el proceso", prosigue. "Hay custodias compartidas que funcionan muy bien y otras que, aunque sean equitativas sobre el papel, resultan desorganizadoras para el niño", asegura la psicóloga.
En su opinión, "el foco debe situarse en las necesidades reales de cada menor" y "la clave no está en el reparto de tiempos entre adultos, sino en la mirada hacia el bienestar infantil". No se trata de "qué es más justo para los adultos", sino de saber "qué necesita el hijo en ese momento de su vida", sentencia.
Aunque los niños y niñas pueden adaptarse a vivir entre 2 hogares o a nuevas rutinas tras una separación, puntualiza, "lo verdaderamente complejo para ellos es convivir con el conflicto entre sus progenitores". Además, a menudo ocurre un fenómeno conocido como parentalización emocional, que es cuando los hijos "se convierten en reguladores emocionales de sus padres y asumen responsabilidades que no les corresponden en el proceso de separación", explica.
Escobar lo tiene muy claro: "Lo que más les cuesta no es el cambio de rutinas o de hogar en sí, sino la tensión emocional que lo rodea y la sensación de sentirse en medio del conflicto".

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