El 73,4 % de los casos de suicidios en 2024 en España fueron hombres, una tasa bien conocida pero que “no tiene la atención que merece”
Paola De Francisco, 07 febrero 2026
Cada año conocemos los datos de suicidio en España, una cifra que sigue siendo alarmante: cada día se perdieron 11 vidas en 2024. Un total de 3.953 muertes.
Paola De Francisco, 07 febrero 2026
Cada año conocemos los datos de suicidio en España, una cifra que sigue siendo alarmante: cada día se perdieron 11 vidas en 2024. Un total de 3.953 muertes.
El 73,4 % fueron hombres, en todo el mundo, de hecho, representan entre el 75 y el 80 %. Una realidad conocida y subrayada en los informes del Ministerio de Sanidad, que inciden en la necesidad de incorporar “estrategias con perspectiva de género que deben combatir el aislamiento social y los estereotipos que obstaculizan la expresión emocional y el acceso al apoyo en hombres". Y, no obstante, una realidad “que no hemos querido mirar con la atención que merece”, indica a ConSalud.es Miguel Guerrero Díaz, psicólogo clínico en el Servicio Andaluz de Salud y coordinador autonómico del Programa Prevención del Suicidio en Andalucía.
Esta paradoja de género que muestra el binomio suicidio y hombres no es un tema sobre el que se profundice o reflexione a nivel social. La realidad es que “no hay suficiente conciencia, ni a nivel sanitario ni a nivel social sobre que los hombres representan alrededor del 80 % de las víctimas de suicidio. Sí se reconoce el dato estadístico, que es por otra parte incuestionable, pero rara vez se interroga en profundidad ni se actúa en consecuencia”, subraya Guerrero Díaz, quien el próximo 13 de marzo estará presente para hablar de ello en el V Encuentro Nacional de la Asociación de Profesionales en Prevención y Posvención del Suicidio 'Papageno' “Cuidar del vínculo, sostener la vida. Un viaje desde la prevención a la posvención”.
“La narrativa dominante actual tiende a deshumanizar los problemas sociales que afectan mayoritariamente a los hombres”. Se trata de aquellas personas privadas de libertad, en situación de sinhogarismo, víctimas de conflictos bélicos o de reclutamiento forzoso, el fracaso escolar temprano… todos ellos son hombres en su inmensa mayoría, “y rara vez son mirados con empatía o reciben una respuesta política y social adecuada”, explica el también socio de Papageno.
Actualmente la perspectiva de género no está incluida en los modelos y estrategias de abordaje del suicidio. Los programas como el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027 o el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2027 buscan mejorar la calidad y el acceso a la atención con proyectos que en el 1º nivel asistencial en cuanto a salud mental general y establecen la prevención como una prioridad de salud pública. En este sentido, el Plan de Prevención del Suicidio apuesta por acompañar a las personas en situación de vulnerabilidad, sensibilizar a la sociedad, mejorar la formación especializada y ampliar los recursos disponibles.
Medidas de reducción del estigma y acompañamiento que no terminan de definir
Esta paradoja de género que muestra el binomio suicidio y hombres no es un tema sobre el que se profundice o reflexione a nivel social. La realidad es que “no hay suficiente conciencia, ni a nivel sanitario ni a nivel social sobre que los hombres representan alrededor del 80 % de las víctimas de suicidio. Sí se reconoce el dato estadístico, que es por otra parte incuestionable, pero rara vez se interroga en profundidad ni se actúa en consecuencia”, subraya Guerrero Díaz, quien el próximo 13 de marzo estará presente para hablar de ello en el V Encuentro Nacional de la Asociación de Profesionales en Prevención y Posvención del Suicidio 'Papageno' “Cuidar del vínculo, sostener la vida. Un viaje desde la prevención a la posvención”.
“La narrativa dominante actual tiende a deshumanizar los problemas sociales que afectan mayoritariamente a los hombres”. Se trata de aquellas personas privadas de libertad, en situación de sinhogarismo, víctimas de conflictos bélicos o de reclutamiento forzoso, el fracaso escolar temprano… todos ellos son hombres en su inmensa mayoría, “y rara vez son mirados con empatía o reciben una respuesta política y social adecuada”, explica el también socio de Papageno.
"A diferencia de otros problemas de salud pública o sociales donde sí se aplica
una mirada de género, en el suicidio masculino prácticamente
no se incorpora esta perspectiva"
Actualmente la perspectiva de género no está incluida en los modelos y estrategias de abordaje del suicidio. Los programas como el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027 o el Plan de Acción para la Prevención del Suicidio 2027 buscan mejorar la calidad y el acceso a la atención con proyectos que en el 1º nivel asistencial en cuanto a salud mental general y establecen la prevención como una prioridad de salud pública. En este sentido, el Plan de Prevención del Suicidio apuesta por acompañar a las personas en situación de vulnerabilidad, sensibilizar a la sociedad, mejorar la formación especializada y ampliar los recursos disponibles.
Medidas de reducción del estigma y acompañamiento que no terminan de definir
una estrategia con perspectiva de género. “A diferencia de otros problemas de salud pública o sociales donde sí se aplica una mirada de género, en el suicidio masculino prácticamente no se incorpora esta perspectiva, y eso dificulta identificar riesgos y diseñar intervenciones efectivas”, indica el experto.
LA VULNERABILIDAD MASCULINA
No hay una sola causa del suicidio, ni todas las personas toman la decisión por los mismos motivos, teniendo en cuenta que no quieren quitarse la vida, sino acabar con cierto sufrimiento o situación a la que no ven otro fin. En el caso de los hombres, por tanto, no se trata de un único motivo, sino de “la combinación de factores evolutivos, biológicos, sociales, psicológicos y culturales”, indica el experto.
Culturalmente el varón tiene una serie de mandatos arraigados por su herencia evolutiva. El hombre es proveedor de recursos, garante de seguridad, eficacia y valor reproductivo. “Cuando un hombre percibe que falla en alguno de estos ejes, trabajo, estatus social, capacidad económica, rol protector o rendimiento productivo, no suele vivirse como una dificultad puntual, sino como un fallo identitario”. Un fallo que lleva, explica Guerrero Díaz, a sentimientos de “atrapamiento, inutilidad, fracaso y carga para los demás, factores bien conocidos en la génesis de la ideación suicida”.
Un contexto de autosuficiencia, resilencia y de no mostrarse vulnerable que también tiene un peso en los factores sociales. El desempleo, pasar por un divorcio, perder el contacto con sus hijos, ocultar adversidades o traumas “sufridos por miedo a ser juzgados, el mayor aislamiento o retraimiento ante los problemas, recurrir al consumo de tóxicos como el alcohol o lidiar con problemas legales o financieros incrementan el riesgo y son factores de riesgo y vulnerabilidad al suicidio”. En esta situación pedir ayuda se convierte en todo un desafío. No es solo cuestión de si al hacerlo recibirán la atención que necesitan, sino que pedirla “puede vivirse como una confirmación del propio fracaso, aumentando el aislamiento y, con ello, el riesgo suicida”.
"Tenemos que ofrecer vías de apoyo accesibles y adaptadas a las
necesidades del hombre, diseñados por y para ellos”
Para abordar y prevenir el suicidio en hombres es preciso, por tanto, un cambio social y cultural para evitar retrasar la ayuda y que los hombres puedan acceder al apoyo. Por ello es necesario normalizar la búsqueda de ayuda y transmitir que se trata de “un acto de responsabilidad y autocuidado”. “Paralelamente tenemos que ofrecer vías de apoyo accesibles y adaptadas a las necesidades del hombre, diseñados por y para ellos”, y cambiar la narrativa social y “mostrar que la vulnerabilidad no disminuye la masculinidad, al contrario, la fortalece”. En este sentido no solo se necesita un cambio social, sino también en el ámbito sanitario.
PREVENCIÓN DEL SUICIDIO
“Es necesaria la formación de profesionales para que puedan reconocer señales de riesgo incluso cuando los hombres no verbalizan tristeza, usando indicadores de comportamiento, aislamiento o cambios en la rutina”. La atención sanitaria ha de crear un espacio “seguro para que el paciente pueda hablar, reconocer el sufrimiento y validar su experiencia”. “Es fundamental preguntar de manera directa sobre ideas de suicidio o autolesión, sin miedo ni tabúes, y hacerlo con un enfoque de género, comprendiendo que muchos hombres no verbalizan emociones ni malestar de forma explícita”, añade el experto.
“Actuar supone formar y capacitar a los profesionales que atienden
a hombres en crisis con una perspectiva de género"
Ellos tienen características de riesgo propias y modos distintos de mostrar su sufrimiento. “Los clínicos deben dejar de esperar que el hombre hable de manera clásica o exprese síntomas de forma evidente, y aprender a leer señales indirectas y actuar proactivamente”. Por otro lado, continúa, los gestores y los planes locales deben diseñar protocolos que respondan a las trayectorias masculinas reales; y la sociedad debe revisar qué tipo de masculinidad está construyendo y cómo influye en el sufrimiento y la vulnerabilidad de los hombres.
“Lo que no estamos viendo es que el suicidio en los hombres no es un fenómeno individual ni exclusivamente clínico, sino el resultado de una mayor vulnerabilidad estructural, cultural y relacional que no hemos sabido leer ni abordar adecuadamente”, indica Guerrero Díaz, quien incide en la importancia de diseñar planes y programas que reflejen la evidencia sobre la realidad del suicidio y educar en la igualdad y la socioemocionalidad. “Actuar supone formar y capacitar a los profesionales que atienden a hombres en crisis con una perspectiva de género, crear recursos sanitarios y sociales específicos, mejorar la alfabetización sobre la crisis suicida en el varón y promover activamente la búsqueda de ayuda sin miedo”.
Solo así, concluye, “dejaremos de mirar el suicidio masculino como un dato inevitable y empezaremos a tratarlo como un problema prevenible que exige una respuesta específica y valiente”.
Nota: Video de REM. "Everybody Hurts" from R.E.M.’s best-selling 1992 album, Automatic for the People.






