Octubre se ha convertido en el mes en el que se producen más disoluciones matrimoniales: más de un 10%.
Los divorcios en España están a la baja, pero quienes deciden dar el paso suelen llegar al despacho del abogado con la decisión bastante madura. En muchos casos, el verano actúa como catalizador de una ruptura que llevaba tiempo gestándose.
"Con el día a día del trabajo, los hijos y demás quehaceres hay poco tiempo para pensar. Es cuando se comparte más tiempo cuando afloran las diferencias, las discusiones y las frustraciones y cuando muchas parejas se dan cuenta de que tienen que hacer un cambio en su vida porque la relación es insostenible", explica Óscar Martínez, abogado especializado en familia.
La consulta al abogado suele producirse en septiembre, y es en los meses sucesivos "cuando la demanda se presenta en el juzgado, bien fruto de un acuerdo que se ha logrado o porque el mismo no ha sido posible y hay que presentarla igualmente", señala Martínez. Octubre se ha consolidado como el mes con más solicitudes de divorcio. Entre julio y septiembre se concentran el 30% del total anual, y octubre, por sí solo, supera el 10%.
El recorrido suele seguir una secuencia casi cronológica: las vacaciones intensifican la convivencia, afloran conflictos larvados y abren un periodo de reflexión; septiembre trae las primeras consultas legales y octubre, en muchos casos, culmina con la presentación de la demanda de divorcio.
La ruptura jurídica no surge de forma repentina, sino que suele ser el desenlace de un proceso que llevaba meses gestándose.
Aun así, los españoles se divorcian hoy menos que hace una década. En 2025 se registraron 83.683 disoluciones matrimoniales (divorcios, separaciones y nulidades) frente a las 101.357 de 2015. Son casi 18.000 menos.
Al mismo tiempo, el divorcio parece llegar después de un proceso más meditado: el 80,5% de los procedimientos son de mutuo acuerdo y, según la experiencia de Óscar Martínez, cuando una pareja finalmente cruza la puerta de su despacho "es difícil que quieran salvar la relación, lo tienen bastante claro". El abogado señala que solo si percibe dudas intenta hacerles reflexionar sobre una posible reconciliación.
Divorcios en España A. Cruz La RazónLo más habitual es que el conflicto no aparezca de repente. La pareja normalmente lleva meses emocionalmente distanciada antes de decidir iniciar los trámites.
"Esto depende mucho de las causas. Si es, por ejemplo, por una infidelidad, dada la repentina falta de confianza que este hecho provoca se requiere poner fin a la relación de inmediato. Si el motivo se ha vivido como una desafección continua puede pasar hasta 1 año hasta que la pareja inicia los trámites", señala el abogado.
De ahí que la ruptura legal llegue muchas veces después de la emocional. "La formalización del divorcio es algo muy posterior a la finalización real de la relación. No digo nada nuevo al señalar que muchas parejas que llevan tiempo conviviendo hacen vidas separadas", apunta.
Auge de los divorcios "senior"
Otro cambio relevante es que el perfil de quienes deciden separarse se ha ampliado. La edad media para poner fin al matrimonio ha pasado de los 46 a los 49 años.
"Antes era habitual entre los 35 y los 45 años; la irrupción de los hijos en el matrimonio obliga a romper dinámicas y hay quien no puede afrontarlo y acaba en crisis de pareja. Ahora, la edad ya no es un condicionante: cada vez se divorcian más parejas de 60, 70 o más años", explica Martínez.
De los 80.785 divorcios registrados en España el año pasado, 9.176 correspondieron a personas de entre 60 y 69 años y 2.913 a personas de 70 o más años.
Muchas de estas rupturas no responden a un conflicto reciente, sino a decisiones aplazadas durante años. Una vez finalizada la etapa de crianza o llegada la jubilación, algunas parejas se enfrentan a más tiempo compartido y constatan que el vínculo llevaba tiempo agotado. También ha aumentado el número de separaciones y divorcios en parejas muy jóvenes, menores de 30 años.
Pero a todas las edades se suma la "gran dificultad" que condiciona cada vez más esta decisión: la vivienda. "Con este problema hay parejas que quieren cesar su vida en común pero no pueden encontrar una casa para el que se marcha, y esto puede retrasar el divorcio. También es un motivo importante de discusión en la gestión del propio divorcio", afirma el abogado.
Y es que separarse no consiste únicamente en decidir que el matrimonio ha terminado. A partir de ese momento hay que organizar una nueva estructura familiar y económica.
Entre las cuestiones que más preocupan aparecen la vivienda, la custodia de los hijos, el patrimonio, los gastos y los acuerdos que se alcanzarán entre ambos.
La vivienda familiar requiere especial atención. Hay que determinar quién podrá utilizarla, qué ocurre si ambos son propietarios y cómo se afrontarán la hipoteca y los gastos asociados. Que uno de los cónyuges se adjudique la vivienda no libera automáticamente al otro de la deuda hipotecaria: cualquier cambio de deudores debe contar con la aceptación expresa de la entidad financiera.
Cuando hay hijos, la custodia, la convivencia, las visitas, las vacaciones, el colegio y los gastos deben organizarse atendiendo al interés de los menores.
También hay que hacer inventario del patrimonio y las deudas: inmuebles, vehículos, cuentas, préstamos, inversiones o participaciones empresariales, además de comprobar la titularidad de los bienes y el régimen económico del matrimonio.
Los divorcios ya no se "ganan"
El predominio de los divorcios de mutuo acuerdo refleja que una parte importante de las parejas consigue pactar las condiciones de la separación sin convertir el procedimiento en una disputa judicial. Sin embargo, alcanzar un acuerdo no significa que todas las dificultades hayan desaparecido.
Los ingresos pueden cambiar, uno de los progenitores puede trasladarse a otra ciudad o las necesidades de los hijos pueden evolucionar con la edad.
En 2025 se presentaron 13.591 demandas de modificación de medidas consensuadas, un 4% más que el año anterior.
Además, cuando hay hijos, la cuestión no termina con la sentencia: los padres tendrán que seguir relacionándose y tomando decisiones durante años. "Cuando existen hijos, el objetivo no debería ser ganar un divorcio, sino conseguir que la familia pueda funcionar después de este. Un buen acuerdo debe poder sostenerse cuando desaparecen los abogados y cada progenitor vuelve a su vida cotidiana", explica Martínez.
1 de cada 4 personas separadas o divorciadas afirma haber tenido dudas legales relacionadas con la ruptura en los últimos 2 años y la mitad ha tenido que volver a consultar a un abogado.






