martes, 16 de mayo de 2023

¿Os divorciáis? Claves para que no afecte negativamente a los hijos

La psicóloga Virginia Rodrigo aconseja que la pareja se ponga de acuerdo sobre cómo anunciar la separación y se informe conjuntamente a toda la familia a la vez.
Marta Abad,15 de mayo 2023
Cuando la relación de pareja llega a su fin y se opta por el divorcio, ¿cómo se les comunica la noticia a los hijos? 
La psicóloga Virginia Rodrigo, del Centro Psicología Bilbao, con amplia experiencia en estas situaciones, ofrece a los progenitores las claves para actuar, pensando siempre en el bienestar de los menores.

¿Cómo se lo decimos?
Lo 1º, según su opinión, es «que esté de acuerdo la pareja en qué es lo que van a transmitir a sus hijos y cómo van a anunciar la separación y hacerlo conjuntamente, los dos a la vez». «No vale que un progenitor adelante información a un hijo por ser más mayor. Hay que hacerlo toda la familia junta. Y luego, en función de las edades, van a preguntar de una manera y se les va a contestar adaptándose al lenguaje de los niños». Pero en toda regla hay una excepción. «Si en una familia hay un bebé de 2 años y un chaval de 15 o de 18, sí puede haber distintos momentos porque hay mucha diferencia de edad y lo van a entender de formas diferentes y es necesario utilizar un lenguaje totalmente diferente».

¿A un niño muy pequeño también hay que contárselo?
Rodrigo responde que sí, pero «le tienes que hablar en su lenguaje. Hay que contarlo porque va a sentir la falta de un progenitor en un momento dado, o que las cosas han cambiado. Se le va explicando poco a poco, en función de lo que un niño de esa edad puede captar. Por ejemplo, que no va a estar ama, o que no va a estar aita, o que no van a estar juntos».

¿Cuándo les damos la noticia?
Una vez decidido el mensaje, conviene «buscar el momento ideal» y eso «mejor que los padres no lo va a saber nadie». «La pareja debe tener muy claro cuándo van a poder estar tranquilos. Que no haya un evento importante de forma inminente, que no tengan exámenes al día siguiente. Si va a haber vacaciones, igual es mejor para poder tener más tiempo para hablar», comenta Rodrigo.

¿Hay que cerrar la puerta a la reconciliación?
«No hay que darles esperanzas que uno no tiene», señala la psicóloga. «Es mejor no hablar de eso. O si preguntan, porque los niños pueden tener la fantasía de que sus padres volverán, hay que ser muy claros. Si los progenitores piensan que no van a volver, no hay que decirles que igual sí porque si no ellos van a estar preguntando cada semana y además es vivir con una gran inseguridad».

¿Cómo es el proceso de divorcio?
Rodrigo reconoce que «el momento de la noticia es traumático por el cambio que puede suponer. Se les desmonta su seguridad. Cuando los padres les informan de que se separan, se les cae el mundo. ¿Quién va a cuidar a mí?». Pero opina que, pasado el mal trago inicial, «si se gestiona bien la separación y se les da seguridad en una casa y en la otra o en la casa nido, los niños se adaptan». «Lo que necesitan es que sus padres piensen en ellos como lo prioritario. 
Hay que dejarles claro que ellos siguen siendo los hijos y nosotros su padre y su madre, que van a estar bien cuidados y que se les va a ir informando de las nuevas rutinas que va a llevar la familia (las visitas, la custodia, etc.) para que ellos estén tranquilos». 
Recomienda «tener orden para que los niños puedan anticipar lo que les toca, sobre todo al principio», pero es partidaria de que luego los progenitores sean «flexibles con ellos. Por ejemplo, cuando es el cumpleaños de su amigo, que vive más cerca de la casa del padre, pero le toca estar con la madre. Hay que intentar facilitarles a los niños, dentro de lo que es el orden que hay que seguir».

¿Cómo afecta el conflicto de pareja?

En la consulta, la psicóloga ve que los padres trasladan a los niños ciertos problemas que han tenido entre ellos y recomienda «no hablar a los menores de temas que son de pareja». «Lo importante es que se garantice a los chavales la seguridad y el apoyo que tienen que seguir teniendo porque se les transforma su mundo de repente». 
Y pone varios ejemplos: «que los niños se sientan libres para poder coger el teléfono a su padre o a su madre, que no hable mal el uno del otro, que se hablen con naturalidad o incluso bien». «Lo que tiene que estar por encima del conflicto de pareja son los hijos», remarca.

¿Y si los hijos se sienten culpables de la separación?
«Desde los 5 hasta los 10 años pueden tener sentimientos de culpa, que se han separado igual porque ellos se portan mal», explica la psicóloga. 
Y a partir de esa edad, «empieza el sentimiento de traición, de que mis padres me han abandonado. Ellos también hacen comentarios a lo largo del tiempo. Igual no nos hemos portado bien». A su juicio, «hay que tranquilizarles y explicarles muy bien que el problema nunca son ellos. Si fueran ellos, no se divorciarían. Entre los 2 intentarían hacer que su comportamiento fuera mejor. El divorcio es un tema solo de pareja y ellos siguen siendo familia. Hay que resolver todas las dudas que ellos tengan. Y si intuyes -porque conoces a tus hijos- que pueden tener algún sentimiento de culpa por algún comentario que hacen, hay que aclararlo».

¿Cómo puede afectar el divorcio a los hijos?

«Como cambia su vida de repente y se transforma, puede tener un impacto. Ves que están más distraídos o incluso empiezan a sacar malas notas, pero puede ser algo momentáneo. Sin embargo, si las cosas se hacen mal, se puede perpetuar en el tiempo y a largo plazo puede tener consecuencias», avisa. «En adolescentes es más complicado, pueden empezar con porros o juntarse con gente que no les conviene. 
Y en niños más pequeños pueden tener problemas de conducta...». 
Por eso aconseja «estar más pendiente» durante el proceso de divorcio porque «al estar la pareja en conflicto a veces se escapan muchísimas cosas de los comportamientos de los hijos». 
En la familia, recalca, «habría que estar muy atento, para resolver sus dudas, para darles la seguridad que necesitan. Es un momento difícil». 
Y comenta que en ocasiones «se llama al colegio para avisar de que si notan algo, es porque nos estamos divorciando».

¿Cuándo conviene recurrir a un psicólogo?
Rodrigo cree que es conveniente acudir «en el previo», antes de soltar la noticia «si los padres tienen dudas de cómo enfocarlo con las edades de sus hijos: no saben cómo hacerlo, qué decirles o si va a ser definitivo o se trata de una separación temporal». Y asegura que cada vez más familias solicitan este tipo de ayuda «para hacerlo bien conjuntamente». 
Pero no siempre es así. «En una pareja, cuando una parte tiene claro que ante el divorcio los hijos son lo 1º y la otra persona no colabora, yo le diría tú actúa en lo tuyo, haz lo que puedas, sigue saludando, nunca hables mal de la otra persona. Los niños quieren a sus padres, en líneas generales, a los 2, y se les hace mucho daño cuando se habla mal de uno de ellos, se generan sentimientos de traición en ellos: 'cómo voy a hablar con mi padre si mi madre habla mal de mi padre o viceversa'. Se sienten que no tienen libertad y es lo último que hay que quitarles».

La garantía de las pensiones de alimentos

Este estudio forma parte de los trabajos que se desarrollan en el seno del proyecto de investigación “El derecho de familia que viene. Retos y respuestas” (PID 2019-109019RB-100 del Ministerio de Ciencia y de Innovación)
Judith Solé Resina, 15-05-2023
Índice de contenidos
I. La obligación de alimentos de los progenitores a los hijos e hijas menores de edad y mayores económicamente dependientes
II. El impago de las pensiones de alimentos de los hijos e hijas
III. La reclamación de los alimentos por la vía civil
IV. Las garantías del derecho de alimentos
V. La regulación chilena del pago de las pensiones alimenticias
VI. Bibliografía

En nuestro ordenamiento jurídico rigen los principios generales de protección de las personas menores y de las mujeres contra la violencia económica. La efectividad de dichos principios requiere su concreción en medidas de garantía del pago de los alimentos reconocidos en convenio judicialmente aprobado o en resolución judicial. Para ello es necesaria y urgente una reforma legislativa en la línea de las que se están llevado a cabo otros ordenamientos jurídicos con esta finalidad.
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lunes, 15 de mayo de 2023

Modelos de Familia: Clásico vs. Divorcio

Por qué las familias divorciadas no tienen por qué ser más desestructuradas que las convencionales.
Frente a los prejuicios, 4 jóvenes adultos comparten con elDiario.es cómo vivieron la separación de sus padres, y otros 2 cuentan que hubiesen preferido un divorcio a tiempo y no años de relación tóxica.
Irene Sierra, 11 mayo 2023 
Un 22 de junio de 1981 el Congreso de los Diputados convirtió en realidad el deseo de miles de parejas españolas: poner fin legalmente a su relación jurídica y sentimental. Varias décadas después de la histórica fecha, el divorcio ha pasado de ser un trámite aislado que iniciaban apenas un millar de parejas a principios de los 80 a concebirse como un proceso habitual que, solo en 2022, implicó a 95.193 parejas.

Sin embargo, a pesar de que se trata de una realidad familiar que está a la orden del día, en determinados sectores aún persisten clichés en torno a esta decisión y a las estructuras familiares que se derivan de ella. 
El sentir social sigue viviendo el divorcio con lástima, como un fracaso familiar, en lugar de un proceso que afecta a una tasa de 1,9 parejas por cada 1.000 habitantes, según el INE.

Con el objetivo de desmontar algunos de los prejuicios que aún rodean a la identidad de los hijos de parejas divorciadas, 4 jóvenes adultos comparten con elDiario.es cómo vivieron la separación de sus padres a lo largo de la 1ª década de los 2000. Para conocer también la otra cara de la moneda, hablamos con un par de jóvenes que, por el contrario, hubiesen preferido un divorcio a tiempo en lugar de años de relación tóxica.
Jamás he escuchado a mi madre hablar mal de mi padre o viceversa

La psicóloga clínica experta en trauma, Lidia G.Asensi, explica cuál es la conducta idónea que debe seguir una pareja que acuerda separarse y tiene hijos: “Una vez que la decisión está tomada es importante compartirla con los niños. Aunque la noticia siempre debe adaptarse a su edad, obtener esta información les aportará seguridad y calma. Asimismo, es clave tratar el tema con normalidad y permitirles hablar de ello todas las veces que sea necesario”.

A sus 29 años, Álvaro recuerda el divorcio de sus padres como un trámite familiar más y no como algo que haya marcado su identidad o un periodo de su infancia. Aunque es cierto que se separaron cuando apenas tenía 3 años, reconoce que el mérito de la ausencia de trauma proviene del tacto que tuvieron sus padres en todo momento: 
Se divorciaron porque mi padre fue infiel a mi madre, sin embargo la historia que recibimos tanto mi hermano como yo está exenta de reproches. Se preocuparon mucho por no señalar culpables. No querían que nuestra relación con ellos se viese condicionada”, explica.

En la infancia que relata Álvaro no hubo grandes cambios (mudanzas, nuevos colegios, etc.) ni tampoco un contexto de progenitores ausentes. Sus padres eran un equipo y tomaban juntos todas las decisiones relativas a su educación: 
Nunca conseguí engañarles para librarme de un castigo. Si había pasado algo, tanto bueno como malo, el que se enteraba 1º se lo contaba al otro. Y, por supuesto, jamás les escuché hablar mal entre sí”, resalta.

En línea con la historia que describe Álvaro, la psicóloga Lidia G. Asensi añade que una de las pautas más importantes para proteger a los hijos consiste en no utilizarles como moneda de cambio para conseguir los objetivos individuales de los progenitores: 
Hablar mal del otro en presencia de los hijos o utilizar a estos para desahogarse de los problemas que existen con la expareja está totalmente desaconsejado porque puede ponerles en contra del otro cónyuge e, incluso, fomentar que aparezca el sentimiento de culpa en los niños”, detalla.

La separación de los padres de Beatriz (27 años) es casi idéntica a la de Álvaro porque sus padres también dejaron de ser pareja a causa de una infidelidad, en este caso, la de su madre: “Sucedió cuando yo tenía 7 años, pero no me dijeron la razón real hasta que fui más mayor. En aquel momento me explicaron que había dificultades entre ellos y que lo mejor era que cada uno hiciese su vida por separado. Aunque era pequeña, tenía la edad suficiente para hacer muchas preguntas y este argumento me ayudó a no buscar culpables”, comenta, y añade que sus padres siempre tuvieron una política de no discusión, incluso antes de divorciarse. 
No recuerdo haberles visto u oído discutir nunca. De hecho, cuando estaban pasando por un mal momento, solían irse a dormir a otro sitio o nos dejaban a mi hermana y a mí en casa de mis abuelos”.

Sin embargo, aunque los padres de Beatriz hicieron todo lo posible porque tanto ella como su hermana pequeña no se sintieran estigmatizadas por ser hijas de padres separados, en el colegio sí que señalaron su situación familiar como algo de lo que avergonzarse
La 1ª vez que percibí que mi familia era distinta a la de los demás fue cuando en mi nuevo colegio, que era religioso, varios profesores me advirtieron de que no contase nada del divorcio otros niños. No sé si temían que les contagiase, pero esto me hizo sentir que quizás vivir solo con mi madre y mi hermana no era tan normal como yo creía”, completa Beatriz.

Al margen de la anécdota anterior, Beatriz guarda excelentes recuerdos de su niñez, una etapa donde tanto su padre como su madre estaban muy presentes y coordinados respecto a su educación y cuidados: 
Aún persiste cierto estigma sobre los hijos de padres separados porque todavía mucha gente tiene una visión muy inocente de lo que es un matrimonio. Creen que todos los matrimonios con hijos que siguen casados lo están porque viven felices, en paz y armonía, pero no conciben que existen muchos casos donde la vida familiar está marcada por la violencia, los desprecios o la falta de cariño, situaciones que dan lugar a contextos más desestructurados que los de muchas familias divorciadas”, opina.

Custodias compartidas
Según la última estadística del INE, los divorcios que terminan con la custodia compartida de los hijos se han duplicado en la última década. Hemos pasado de ver cómo en el año 2010 el 83% de las custodias eran para la madre, a que en 2021 el 43% se compartiesen entre ambos progenitores.

Esta evolución en el reparto de los cuidados y la manutención diaria de los hijos, no solo es una buena noticia para las parejas con divorcios consensuados que buscan participar de forma ecuánime en la crianza de los menores, sino también para el bienestar emocional de los hijos. 
La custodia compartida es beneficiosa para los menores porque permite el contacto continuo con ambos progenitores y fomenta que compartan todas las facetas de la vida cotidiana. También favorece que haya una comunicación más fluida entre los padres”, amplía la psicóloga Lidia G.Asensi. Muchas voces subrayan que esta organización es más favorable para el bienestar de los menores siempre y cuando no exista un contexto de violencia.

A mediados de los 2000 y como consecuencia de una menor implicación política en términos de conciliación de los padres, la custodia compartida era casi una excepción. Por aquel entonces, la madre de Javier (32 años), al igual que decenas de miles de mujeres en nuestro país, asumió la tutela y la carga mental de criar a sus 2 hijos sola en el día a día.

Mis padres iban a separarse cuando yo tenía 12 años, pero como encajé mal la noticia decidieron posponerlo 1 año más. A partir de entonces, comenzamos a vivir con mi madre y, aunque visitábamos a mi padre los fines de semana, teníamos total libertad para verle cuando quisiéramos. 
Al principio, tanto mi hermana como yo nos implicamos mucho en intentar que todo fuese como antes, pero poco a poco el interés por su parte fue decayendo. Una tarde que estaba en su casa, se fue y me dijo que llegaría en un rato. Después, que fuese cenando. Llegó a las 02:30 horas. A partir de ese día, no volví a pasar jamás una noche con él. Tenía 14 años”, relata Javier y añade que su padre no intentó corregir su comportamiento ni implicarse más. “Se limitaba a echarnos alguna bronca cuando llegaba algún suspenso. Sabía de mí lo mínimo y no le interesaba conocer más. Al final, todo recayó en mi madre”.

A pesar de la anécdota anterior, Javier reconoce que el divorcio de sus padres no le ha supuesto ningún trauma en la vida adulta ya que había asumido la ausencia e implicación de su padre mucho antes de la separación: “No he sentido que el divorcio de mis padres me haya dejado secuelas, quizás porque la figura del padre nunca existió de verdad y no había nada que echar de menos. La huella que puedo percibir es que aprendí desde muy pequeño a sacarme las castañas del fuego y no depender de nadie”, concluye.

Los padres de Mireia (29 años) se separaron cuando ella tenía 4 años y su hermana 2. Aunque en un inicio no les explicaron exactamente las razones por las que ponían fin a su relación, no recuerda vivir el proceso como un cambio traumático
Como mis padres seguían trabajando juntos en la empresa familiar y todos continuamos viviendo en el mismo pueblo, siempre sentí a mi padre muy presente. Admiro muchísimo la gestión que hizo mi madre de la situación. No solo decidió mantener las comidas de los domingos con mi padre y mis abuelos paternos, sino que, además, cuando volvió a tener pareja, nos ayudó a normalizarlo y a comprender que aquella nueva situación no significaba que nos fuese a querer menos”, detalla Mireia.

En línea con la actitud anterior, Mireia recuerda que su madre hizo todo lo posible para que fuesen de vacaciones al mismo sitio que la nueva familia de su ex marido: “Fueron veranos geniales porque nosotras seguíamos teniendo nuestro espacio seguro al alojarnos con mi madre, pero podíamos compartir comidas, excursiones y tiempo de playa con los demás”, añade orgullosa Mireia.

Mis padres están casados, pero he crecido viendo peleas”.
Si algo evidencian los testimonios anteriores es que familia desestructurada y divorcio no siempre son resultado de la misma ecuación ni un proceso causa-efecto. Y es que, al igual que hay separaciones que no son gestionadas de forma idílica, existen matrimonios donde el amor y las buenas formas brillan por su ausencia, por mucho que la unión persista sobre el papel.

Hay parejas que toman la decisión de no divorciarse como una forma de proteger a los niños y no se dan cuenta de que eso es un error. Cuando la relación entre los padres no está bien, las consecuencias psicológicas pueden ser mucho más dañinas y traumáticas que las de una separación. Ante este tipo de situaciones, los niños se acostumbran a vivir en un ambiente que les genera miedo, inseguridad y confusión”, relata la psicóloga.

Mª Isabel (25 años) nos habla de cómo vivió durante su infancia la violencia que su padre ejercía contra su madre: 
A pesar de que mi hermano y yo hemos hemos salido muy bien, mi infancia está repleta de recuerdos donde las peleas, las voces y los golpes en la mesa estaban muy presentes. Recuerdo una vez que mi padre tiró todo lo que había sobre la mesa porque no supo gestionar emocionalmente algo que le dijo mi madre”, explica.

Tras una vida dedicada a los cuidados familiares y sin desempeñar ningún trabajo remunerado fuera de casa, en la actualidad Mª Isabel describe a su madre como una persona totalmente deprimida y muy irascible ante cualquier comentario o gesto de su marido: 
No tiene ganas de hacer nada y tiene miedo a casi todo. Todo el tiempo me recuerda que lo más importante es que logre ser una mujer económicamente independiente y se lamenta por todas las cosas que ella no hizo en su momento. A veces me dice ‘si yo te contará…’ y sé que se refiere a que en algún momento mi padre debió de pegarle”, relata.

El matrimonio de los padres de Marta (26 años) está, según sus propias palabras, roto desde hace más de 10 años, una situación que provoca que cada vez les visite menos porque no puede soportar sentarse con ellos en la misma mesa y ver que no son capaces de pasarse ni siquiera la jarra del agua.

Todo saltó por los aires cuando yo tenía 16 años y les encontré gritándose un día al volver a casa. Creo que se habían cansado de fingir que su relación funcionaba y, como yo ya era más mayor, de repente, todo les dio igual. Deberían haberse planteado el divorcio ese mismo día, pero no lo hicieron por motivos económicos. Como en muchas otras familias, mi madre dejó de trabajar cuando se quedó embarazada y era mi padre quien siempre llevaba el dinero a casa”, explica y añade que, actualmente, el conflicto se mantiene a raya porque su madre trabaja como interna cuidando a un mujer mayor y nunca duerme en la casa familiar.

Me siento súper culpable porque, a día de hoy, mi madre tiene esta situación porque decidió no trabajar para cuidarnos a nosotros. Quiero ayudarla, pero no sé cómo. No vivimos en la misma provincia y económicamente tampoco tengo los medios. Además, siempre he intentado mediar sin tomar partido por ninguno de los 2 flancos. Es una situación muy complicada que sé que en algún momento tendré que tratar en terapia porque tengo claro que si algún día soy madre no quiero que se acerquen a mis hijos teniendo una relación tan tóxica”, sentencia Marta.

¿Expectativas con los hijos?

Un hijo no ha nacido para cumplir los sueños de sus padres: por qué es importante tener expectativas acertadas.
Los niños merecen que sus adultos esperen grandes cosas de ellos, pero idealizarlos les llena de impotencia, miedo y soledad.
Los padres y madres deben acompañar al niño de manera sana y afectuosa, haciéndole sentir valioso.

Sonia López Iglesias, Terrassa, 
psicopedagoga, 12 MAY 2023
En el momento en el que decidimos que queremos ser padres, de forma inconsciente, empezamos a elaborar grandes expectativas hacia ese bebé que deseamos. Hacerlo es inevitable, pero el problema surge cuando ese hijo o hija, al nacer, no cumple con todo aquello que habíamos imaginado. A lo largo de los 9 meses de gestación, o incluso antes de saber que esperamos un bebé, conjeturamos cómo nos gustaría que fuese físicamente, qué tipo de personalidad, destrezas o capacidades debería tener e incluso fantaseamos sobre la profesión que ambicionamos que elija cuando sea mayor.

Pero en muchas ocasiones ese hijo no cumple con las expectativas que los padres y madres se habían creado. Reconocer que es mucho más tímido, movido, impulsivo o bajito de lo que se desea genera mucha frustración y a los progenitores les hace sentir un gran vacío en su interior.

Las expectativas que los progenitores tienen y proyectan hacia el menor da una falsa sensación de seguridad sobre lo que sucederá. 
Unas ideas poco realistas, a menudo repletas de miedos o anhelos propios, que llenan a los padres de ansiedad, frustración y decepción y a los hijos, de impotencia, miedo y soledad. 
Unos pensamientos que acaban modulando incorrectamente la identidad y el conocimiento del niño, y que entorpecen gravemente en su desarrollo. Los niños merecen y necesitan que sus adultos de referencia puedan esperar grandes cosas de ellos, pero sin sentirse presionados o evaluados constantemente. No son una extensión de sus padres, sino personas independientes con derecho a comportarse y a vivir la vida que deseen.

El problema surge cuando las ideas preconcebidas del adulto estrechan el camino y limitan el margen del niño, anteponiendo las necesidades y pretensiones del progenitor por delante del respeto a la personalidad y la libertad. Un niño debe sentir que sus adultos de referencia le aceptan tal y como es, sin peros ni pros. 
Que le ayudan a identificar sus fortalezas y mejorar sus necesidades y debilidades sin descalificarle o llenarle de etiquetas. 
Que no juzgan sus errores cuando se equivoca, sino que le ofrecen todo el apoyo que necesita
Que validan sus emociones y le ayudan a tomar decisiones adecuadas.

Si un niño siente que nunca está a la altura de las expectativas que tienen hacia él sus progenitores o sus personas más cercanas vivirá en una insatisfacción constante y tendrá baja autoestima. En un sufrimiento constante y en una enorme infelicidad. Mostrará muchas dificultades para gestionar correctamente sus emociones y crecerá sintiendo que todo lo que hace está por debajo de lo que se espera de él. Se hará mayor con el único deseo de satisfacer los deseos de sus padres, creándoles mucha tensión interna y una sensación continua de fracaso, culpabilidad e infelicidad. A lo que se suma que unas expectativas poco acertadas provocarán un distanciamiento entre padres e hijos y un apego inseguro.

En cambio, si el niño siente que las expectativas que establecen sobre él son positivas y acertadas tendrá autoconfianza o mostrará motivación por obtener buenos resultados
Se sentirá aceptado y libre para probar todo aquello que desee.

Claves para establecer unas expectativas acertadas hacia un hijo o hija: -. Ser conscientes de las expectativas, deseos y miedos que los padres tienen en relación con el futuro del niño y el daño que pueden producir si no son acertadas. Deben acompañar al menor de manera sana y afectuosa, haciéndole sentir valioso. Reforzando todo aquello que hace bien y ayudándole a superar las dificultades.
-. Cada niño es un mundo y tiene su propio ritmo de aprendizaje. 
Si se le respeta y se le da el tiempo que necesita para aprender llegará a ser una persona autónoma, capaz de realizar las cosas por sí mismo y de esforzarse por conseguir todo aquello que desee.
-. Aceptar al niño sin prejuicios, reconociendo su individualidad fomentará que alcance su máximo desarrollo y potencial. El amor y el afecto hacia él no debe estar condicionado por si cumple o no con las expectativas que el adulto ha ideado. Un niño que se siente querido tenderá a mostrarse valiente y capaz de trabajar por todo aquello que se proponga.
-. Como adultos se debe conseguir que el niño se sienta confiado y seguro, incentivándole a tener sus propios sueños, a ser autónomo, a aprender a hacer frente a las dificultades y resolver conflictos sin miedo al qué dirán.

Un hijo no ha nacido para cumplir los sueños o ser lo que sus padres no consiguieron alcanzar. Es una persona independiente con derecho a dibujar su camino sin sentirse cuestionado. Por eso necesita a su lado adultos que le inciten a trabajar sin miedo por todo aquello que desee. Como decía Norman Vincent Peale, autor estadounidense de El poder del pensamiento positivo, teoría que promueve enfocarse en lo bueno de cualquier situación: “No pidas a nadie que sea lo que no es. No pidas o esperes de una persona lo que esta no puede dar”.

domingo, 14 de mayo de 2023

Divorcio: Cuándo se concede y cuándo se extingue el uso de la vivienda familiar

Andrea Fernández Grymierski, 14/5/2023 
El uso del domicilio familiar puede convertirse en uno de los puntos más conflictivos en el momento en el que surge la crisis familiar. 
Desde la elección de quién debe abandonar la vivienda, a la determinación de cómo deben abonarse los gastos -como impuestos o comunidad de propietarios-, a la reparación o reformas que deban hacerse en el inmueble por el inevitable paso del tiempo.
Lo cierto es que el domicilio familiar no está exento de incertidumbres e incógnitas.

El art. 90 del C.Civil indica que el Convenio Regulador en el que los cónyuges regulan de mutuo acuerdo las medidas relativas a su divorcio o separación deberá contener una previsión relativa al uso de la vivienda familiar.
En los procedimientos contenciosos, el Juez también debe pronunciarse sobre su uso.

Pero ¿cómo se decide a quién se debe atribuir el uso del domicilio familiar?
Se regula en el art. 96 del C.Civil, y el criterio de atribución variará en función de si existen hijos menores de edad y del sistema de guarda y custodia que se establezca.
Habiendo hijos menores de edad, o mayores de edad en situación de discapacidad, el uso de la vivienda corresponderá al progenitor con quien convivan.

Esto es así porque, mientras los hijos son menores de edad, la atribución del uso exclusivo se entiende como una medida complementaria de guarda y custodia.
El uso será atribuido al progenitor que ostente la guarda y custodia exclusiva, sin considerar los ingresos económicos de los progenitores y sin importar quién ostente la titularidad dominical del inmueble.

CASOS DE CUSTODIA COMPARTIDA
¿Qué ocurre en los casos de custodia compartida? Pese a que el Código Civil ha sido sometido recientemente a múltiples e importantes reformas, el legislador todavía no se ha regulado este modelo de custodia, que para la constante jurisprudencia es el “normal y deseable”, mientras que en el C.Civil sigue siendo calificado de “excepcional” (Vide art. 92.8).
Por tanto, al estar legalmente regulado, hay que acudir a la “regulación” que hace el Tribunal Supremo a través de su doctrina jurisprudencial.

Como punto de partida, el Tribunal Supremo ha establecido que en los casos de guarda y custodia compartida “el juez resolverá lo procedente” con atención a 2 factores: en 1º lugar, “el interés más necesitado de protección, que no es otro que aquel que permite compaginar los períodos de estancia de los hijos con sus 2 padres” y, en 2º lugar, “si la vivienda que constituye el domicilio familiar es privativa de 1 de los cónyuges, de ambos, o si pertenece a un 3º”. 
Es decir, en casos de custodia compartida, se atribuirá el uso del domicilio familiar al progenitor de que manera objetiva tenga más dificultad para acceder a una vivienda, para que de esta manera “pueda llevarse a cabo la efectiva convivencia con sus hijos durante los periodos que le corresponda tenerlos en su compañía” (STS de 21 de noviembre de 2022).

Si los cónyuges no tienen hijos comunes, o si habiéndolos, estos son mayores de edad, el inmueble será atribuido a quien sea el propietario de la vivienda. De manera excepcional, el C.Civil establece que el uso podrá darse al “cónyuge no titular” que tenga un interés más necesitado de protección, pero siempre limitado temporalmente.
Otras formas distintas del uso exclusivo: uso alternativo por periodos.

¿CUÁNDO SE EXTINGUE LA ATRIBUCIÓN DE USO?

La atribución de uso de la vivienda familiar está siempre sometida a un límite temporal.
Si la atribución de uso se hizo en atención al régimen de custodia exclusiva, finaliza cuando todos los hijos alcancen la mayoría de edad.
Este criterio, que no siempre fue pacífico, y ha tenido su origen en sentada doctrina jurisprudencial del Tribunal Supremo desde el año 2011, fue introducido en el art. 96 del C.Civil en la modificación que operó la Ley 8/2021.

En Sentencia de 6 de marzo de 2023, el Tribunal Constitucional ha resuelto un recurso de amparo en el que se cuestionaba que la finalización de atribución de uso por haber alcanzado los hijos la mayoría de edad, aun siendo económicamente dependientes, podría no ir en consonancia con el mandato constitucional de protección de la familia contenido en el art. 39 de la Constitución española.

Sin embargo, el Tribunal Constitucional ha establecido que esta disposición no es contraria al art.39 CEpues ninguna relación tiene esta norma de adjudicación del uso de la vivienda familiar con la prestación alimenticia a favor de los hijos mayores contemplada en el art. 142 del C. Civil”.
Efectivamente, el hijo mayor de edad dependiente económicamente que precise de habitación podrá reclamar alimentos a sus parientes, derecho que está regulado en los art. 142 y siguientes del C.Civil y es ajeno a los procedimientos de separación y divorcio.

Esta doctrina refuerza la idea de que la atribución de uso de la vivienda familiar es complementaria a la guarda y custodia. Finalizada la guarda y custodia sobre el hijo por alcanzar éste la mayoría de edad, finaliza también la atribución de uso.

LÍMITE TEMPORAL
En los casos en los que la atribución de uso se ha hecho, no porque los hijos estén en un sistema de guarda y custodia exclusiva, si no porque uno de los cónyuges ostenta un interés más necesitado de protección, la respuesta es diferente.
Si la medida, judicial o pactada en convenio regulador, no somete la atribución de uso a un límite temporal, deberán modificarse las medidas existentes para extinguir dicho uso.

En el procedimiento de modificación, habrá que justificar que los motivos que justificaban en el pasado que uno de los excónyuges tenía un interés más necesario de protección ya no concurren en la realidad: bien porque ha experimentado una mejora en su economía (recibiendo mayores ingresos o contando otra posibilidad de vivienda, por ejemplo) o bien acreditando que la situación económica del cónyuge que fue privado del uso de la vivienda ha empeorado y es este quien tiene un interés más necesitado de protección.

Es por ello recomendable introducir siempre un límite temporal a la atribución de uso, bien en el Convenio Regulador o bien solicitándolo en la demanda contenciosa. 
Este límite dependerá en gran medida de quién sea el titular del inmueble.
Si la vivienda es propiedad de ambos excónyuges – como bien ganancial o en proindiviso según el régimen económico matrimonial – es habitual que el uso se conceda hasta que se produzca la liquidación del régimen económico.
Si por el contrario, se trata de un bien privativo del otro cónyuge, como indica el Código Civil, se concederá un tiempo “prudencial” para que este pueda conseguir otra opción de alojamiento.

Es frecuente también las resoluciones que, teniendo ambos cónyuges situaciones económicas similares y siendo el bien titularidad de ambos, se otorgue el uso alternativo por periodos – que pueden ser anuales o de otra periodicidad. En estos casos, los excónyuges se alternan el uso hasta que se liquide el régimen económico o el proindiviso.

Y SI EL EXCÓNYUGE SE NIEGA A ABANDONAR LA VIVIENDA
Pero ¿qué ocurre cuando, extinguido el uso, el excónyuge se niega a abandonar la vivienda? La respuesta, una vez más, dependerá de quién ostente la titularidad dominical del inmueble.
Si es privativo, podrá solicitarse el lanzamiento judicial, puesto que la persona reside en la vivienda sin título que le ampare.
Si, por el contrario, son cotitulares, la situación se dificulta, puesto que el excónyuge, como copropietario, tiene derecho a residir en el inmueble.

En estos casos, el Tribunal Supremo ha establecido que no procede una indemnización por el uso exclusivo de la vivienda común por 1 solo de los progenitores (STS 29 de marzo de 2022).

Habrá que acudir a las normas generales del Código Civil sobre el uso del bien en proindiviso, y en caso de desacuerdo, instar el procedimiento de extinción del condominio mediante la venta del inmueble en pública subasta.
Nota:  La extinción del Condominio, solo se puede hacer una vez realizada la Liquidación de los Bienes Gananciales, y se pierde un 20-30% del valor de la vivienda.

El divorcio y el factor económico y la Vivienda

Parejas que conviven aunque la relación esté rota: "Pudimos separarnos cuando le subieron el sueldo a mi ex".
Los elevados precios de la vivienda impiden a muchas parejas dar el paso.
Elisa Muñoz, Cadena SER, Madrid,12/05/2023 
Alicia conoció a su ex en el extranjero hace 11 años. Él es turco y se casaron pronto para facilitar los papeles. De hecho, no tienen intención de divorciarse aunque ya no convivan juntos desde febrero y la relación esté rota desde mucho antes. "Para él es más fácil si seguimos casados", resume ella. Hace 5 años todo empezó a torcerse: 
"Tuvimos un periodo de decir, venga, lo intentamos. Hemos abierto relación, hemos cerrado relación, hemos hecho de todo y nos queda la sensación de que lo hemos intentado y no ha funcionado, así que había que separarse". Pero cuando llegaron a esa conclusión vivían en una casa que era de la madre de ella y pagaban poco. Ninguno de los 2 podía permitirse irse de allí: "Hacíamos vida por separado pero viviendo juntos".

Gracias a ese alquiler "de hija" pudieron ahorrar pero no pudieron dar el paso de separarse hasta que le subieron el sueldo a su marido: "El factor principal de no separarnos era el económico. Se ha podido hacer al final gracias a que su situación laboral ha mejorado". 
Como los alquileres estaban por las nubes, apostaron por la compra: "Bromeamos con la idea de que la gente se compra un piso para irse a vivir juntos y nosotros nos lo hemos comprado para separarnos". Alicia le ha prestado dinero a su ex para que no tuviera que pedir un préstamo personal para esa vivienda donde ahora vive él: "Me debe ya poquísimo dinero —pagos de la entrada, escrituras y tal— pero ya lo está pagando él".

Todas esas cuentas las han puesto por escrito en un documento "de andar por casa" donde también recogen los temas relacionados con la "custodia" de su hija de 6 años. "Hemos hecho una cuenta común para los gastos de la niña y él mete 3 veces más dinero que yo porque gana 3 veces más", aclara.

Pese a todo, Alicia y su ex se sienten afortunados. Se apoyan el uno al otro y mantienen una buena relación. Ella reconoce que ahora que tiene que hacer frente a las facturas de la casa sola no puede permitirse "salir como antes o ir a los mismos restaurantes" pero no siente que lo esté pasando mal gracias al bajo alquiler de su madre
Sabe que no todo el mundo tiene esa suerte: 
"El factor económico es primordial en una separación. Muchas veces no puedes dar el paso porque no puedes. Porque si no, no comes".
"Vi un piso igual que el mío en mi urbanización por 500 € más al mes"

Ana se acaba de divorciar tras 25 años de matrimonio. Llegar hasta ahí no ha sido fácil, le costó mucho tomar la decisión, pero hace 2 años le dijo a su marido "que llevaba tiempo pensando que la relación no funcionaba". Vivían en el mismo piso desde hacía 20 años y en ese tiempo apenas les habían subido el alquiler unos euros, "solo el IPC". 
Cuando llegó el momento de que 1 de los 2 se fuera de casa, ninguno quería dar el paso. "Como él no quería irse empecé a buscar piso yo porque ya quería zanjar el tema como fuera y francamente se me complicó mucho porque no encontraba un piso en condiciones para mis 2 hijos y para mí que pudiera permitirme".

Después de tanto tiempo viviendo en el mismo barrio de Madrid, Ana no quería cambiar de vida ni que sus hijos, de 24 y 19 años, tuvieran que empezar de cero en otra zona. "Me costaba mucho, primero, encontrar algo. En 2022 subieron muchísimo los alquileres, había una gran demanda y poquísima oferta, y la oferta que había enseguida se cubría", recuerda. Cuando finalmente encontraba algo, las condiciones —entre fianza, mes de garantía, aval— eran tan exigentes "que mudarte se te ponía en casi 6.000 €". Además, ser autónoma le complicaba aún más las cosas: "Siempre vas a perder frente a alguien con contrato fijo".

"Los pisos que me gustaban eran imposibles. Me costaba más caro un piso de 2 dormitorios que este de 3, más pequeño, sin terraza... siempre eran muchísimo peor que en el que estaba viviendo", cuenta. 
Todo eso hizo que se fuera retrasando la separación real: 
"Hay momentos en los que se hace duro... Cuando sabes lo que quieres y lo que no, quieres que pase cuanto antes, pero cuando no puedes hacer otra cosa... Cuando veía que no encontraba piso se me hacía cuesta arriba. Pensaba, ¿qué voy a hacer?"

Encontró una casa igual a la suya en su misma urbanización, en la misma planta y todo, solo había un problema: "Costaba 500 € más que lo que yo estaba pagando y la única diferencia era que estaba un poco reformado pero en esencia era igual". Justo cuando ya se decidió a alquilar ese piso pese a todo, su pareja decidió que se iba él: "Consiguió un piso de un dormitorio, no muy lejos de aquí pero no es la misma zona". 
Ambos tienen claro que ha facilitado mucho las cosas que sus hijos sean mayores y no haya una custodia compartida por medio que hubiera obligado a su ex a buscar una casa más grande. "Ahora estoy súper feliz y mucho más tranquila. Creo que él también lo es, así que todo el mundo feliz", concluye.

Compartiendo casa con desconocidos
El precio de la vivienda —tanto de compra como de alquiler— es tan elevado que se ha convertido en uno de los temas clave de esta campaña electoral. Las dificultades de muchas familias para hacer frente a esas mensualidades son evidentes pero todo se complica aún más cuando una pareja decide separarse especialmente si hay hijos menores en común. 
"El tema de la custodia compartida es uno de los más afectados por la crisis. En las familias de nivel económico bajo, lo normal es que no sean propietarios de viviendas. Es frecuente ver que el progenitor que tiene la custodia de los niños sea el titular de un contrato de arrendamiento y luego subalquile habitaciones a 3º por días o de forma permanente, y les cobra un subarriendo", detalla Juan Pablo González, magistrado juez titular del juzgado de primera instancia n° 24 de familia de Madrid. 
Incluso se ha encontrado situaciones todavía peores: "He visto algún caso en el que la madre vive en 1 habitación con 2 hijos pequeños en un piso compartido del que la progenitora no es titular del contrato".

Lamenta que los jueces poco puedan hacer ante estas situaciones
"El sistema de custodia compartida exige al menos 2 viviendas y en economías muy humildes eso no es posible. Lo que se hace en estos supuestos es acudir a un remedio que temporalmente no esta mal pero que debe evitarse en la medida de lo posible: las casas nido"
Así los hijos comunes permanecen siempre en el domicilio familiar y los padres se van rotando según les toque. "En la mayor parte de los casos, cuando a los padres les toca vivir fuera de esa casa nido, acuden al domicilio de sus propios padres y eso evita que tengan que alquilar una nueva vivienda o procurarse una nueva vivienda en propiedad. Es una problemática que se está planteando ahora con más agudeza si cabe que nunca", sentencia este juez de familia que reconoce que ese sistema de casa nido suele conllevar a su vez a muchos conflictos domésticos.

Los 3 errores más comunes de los hombres

Más Noticias: marieclaire.
Hay algunos patrones que se repiten en los matrimonios y que acaban desencadenando un divorcio. Una abogada experta en el tema nos habla de los que ha identificado en los hombres.
Lucía Cárceles,13.05.2023 
Cada relación es única, pero una abogada que lleva muchísimos casos de divorcio ha observado un patrón común en los matrimonios que no salen adelante.
En un nuevo artículo, Anna Krolikowska habla de los 3 errores más comunes que cometen los hombres y que pueden ser fatales para una relación duradera, especialmente cuando se combinan y son: no compartir las responsabilidades domésticas, elegir la reacción frente a la acción y no expresar aprecio.

1. No comparten a partes iguales las responsabilidades domésticas: "Hablemos de la carga mental que suelen llevar las mujeres en una relación. Incluye todas esas responsabilidades invisibles como gestionar horarios, concertar citas, decidir las actividades de los niños y coordinar las tareas domésticas. Es mucho trabajo, y cuando el marido no participa activamente, se crea un desequilibrio en la relación".

2. Eligen la reacción frente a la acción en la relación
"No esperes a que te pidan ayuda. Toma la iniciativa de identificar las tareas que hay que hacer y asúmelas sin que nadie te presione. Esto demuestra respeto y preocupación por la carga espiritual de tu cónyuge y un deseo sincero de compartir tus responsabilidades".

3. No expresar aprecio: "Diga "gracias" por su esfuerzo. Muestre gratitud por ello. Son los pequeños actos de aprecio los que pueden marcar una gran diferencia en los matrimonios".