miércoles, 31 de agosto de 2022

Alternativas para dividir una vivienda ante un divorcio

El divorcio supone el fin de la vida matrimonial, pero algunos de los lazos que unen a los cónyuges son difíciles de romper. 
¿Qué pasa con la vivienda familiar en estos casos? 

Fotocasa
19 JULIO 2022
Cuando un matrimonio se rompe, se dejan atrás años de convivencia y proyectos de vida en común inacabados. Pero, en algunas ocasiones, el vínculo resulta mucho más difícil de disolver. Sobre todo, en el caso de tener hijos o bienes inmuebles en común o con una hipoteca en curso. La división de la vivienda es una cuestión importante, ya que ninguno de los cónyuges podrá venderla o hipotecarla sin el consentimiento del otro al figurar ambos como propietarios.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), solo durante el pasado año se produjeron cerca de 87.000 divorcios en España, un 12,5% más que en 2020. Las rupturas matrimoniales están a la orden del día y tras este complicado paso, ambas partes desean rehacer sus vidas. 
Sin embargo, existen lazos que pueden complicar los 1ºs momentos tras la separación.

Un divorcio con hijos y vivienda con hipoteca es uno de los escenarios más complejos. ¿Qué opciones tenemos en estos casos?
1. ¿Se puede poner en venta la vivienda unifamiliar tras el divorcio?
Es una de las alternativas más sencillas y populares en estos casos. Un matrimonio en régimen de gananciales puede vender la casa y repartir el dinero obtenido por la venta a partes iguales. Si, por el contrario, están casados en separación de bienes se establecerá un porcentaje de propiedad para cada miembro de la pareja y el dinero se repartirá en función de este. Sin embargo, en la práctica pueden surgir problemas como, por ejemplo, que uno de los cónyuges quiera vender y el otro no.

En un divorcio con hijos pequeños también se podrá vender la vivienda. Sin embargo, en este caso habrá que presentar una solicitud para modificar la sentencia de divorcio y será necesaria la resolución de un juez, que solo autorizará la transacción inmobiliaria si considera que la operación no supone un riesgo para los menores.

Para poder realizar esta operación es fundamental que ambas partes estén de acuerdo, ya que tendrán que firmar un contrato de intermediación inmobiliaria, las arras y la escritura de compraventa. 
Pero, ¿qué pasa si no hay consenso? Existen mecanismos para forzar la venta, aunque suele implicar una merma económica considerable.

Extinción de condominio
La persona interesada podrá conservar la vivienda a cambio de compensar económicamente al otro miembro de la pareja por el porcentaje que le corresponda. Esta opción solo es válida para los matrimonios en régimen de separación de bienes, ya que las parejas en gananciales tienen una forma más sencilla de realizar esta operación, como veremos más adelante.
La extinción de condominio supondrá para una vivienda valorada en 150.000 euros un gasto tributario de entre 750 y 2.250 euros

Este cambio de la titularidad de una vivienda por divorcio resulta mucho más económico que vender su parte al otro cónyuge. Ya que, en este caso, solo tributará en el Impuesto de Actos Jurídicos Documentados (IAJD), lo que supondrá entre un 0,5% y un 1,5% del valor de la vivienda. Es decir, entre 750 y 2.250 euros para un inmueble valorado en 150.000 euros. Por su parte, la compraventa tributará en el IRPF y la plusvalía municipal, por lo que los gastos a abonar serán más elevados.

División de la cosa común
Tras interponer una demanda, será el juez quien establezca la obligación de vender la casa y repartir el dinero entre las 2 partes implicadas. Tras esta resolución, la vivienda se subasta, lo que implica un precio de venta entre un 20% y un 30% más bajo. Otro inconveniente de esta alternativa es que el proceso puede demorarse mucho en el tiempo.

Venta del proindiviso
Consiste en vender tu parte del inmueble a un tercero. Es una práctica legal, que se encuentra contemplada en el Código Civil y existen empresas especializadas en este tipo de transacciones inmobiliarias. Sin embargo, conviene tener en cuenta que el precio de esta venta será entre un 35% y un 50% inferior al precio de mercado. Resulta comprensible, si tenemos en cuenta que el comprador no podrá acceder a la propiedad total de la vivienda. Además, la expareja tendrá preferencia y podrá adquirir la casa a este precio mucho más ventajoso.
Si la venta de la casa familiar a un 3º tras el divorcio no es la mejor solución, existen otras alternativas que podemos tener en cuenta.

2. Comprarle al otro cónyuge su parte del inmueble
Al poner fin a la relación matrimonial, es habitual que uno de los miembros de la pareja se quede con la vivienda habitual tras el divorcio. Si se casaron en régimen de gananciales, esta operación será bastante sencilla. Cuando se celebre el acto de disolución del régimen económico matrimonial, un cónyuge podrá quedarse con la vivienda a cambio de abonar la cuantía económica correspondiente al otro.
En caso de que el matrimonio se hubiera celebrado en separación de bienes se podrá recurrir a la extinción de condominio.

3. Dividir el inmueble en dos viviendas
No es lo más habitual, pero es una alternativa posible. Se puede adaptar el inmueble para crear dos casas independientes, una para cada uno de los cónyuges. O al menos eso dictaminó el Tribunal Supremo para una pareja de Málaga. La vivienda, de 3 plantas, era propiedad de los padres de él y tras el divorcio el disfrute de esta recayó en ella, ya que tenía la custodia de los 2 hijos menores de la pareja.

Él disponía de un taller en la planta baja y pidió adaptar el inmueble para crear 2 casas independientes. El Supremo le ha dado la razón al entender que no existe conflicto entre las partes implicadas y que la reestructuración de los espacios no afecta de forma negativa a los hijos menores. 
En cuanto a los gastos de las obras necesarias, los asumirá de forma íntegra el padre como condición para habitar la 2ª vivienda.

En el caso de un piso, este tipo de acciones deberá obtener el acuerdo unánime de la junta de propietarios, que deberá autorizar la segregación de la vivienda. Además, será necesario realizar una nueva escritura de propiedad, así como darlo de alta en el catastro inmobiliario. La cosa se complica un poco más si se cuenta con una hipoteca en curso, ya que los miembros de la pareja deberán establecer quién o en qué porcentaje pagarán las cuotas hipotecarias. Finalmente, el impago supondrá una deuda que recaerá sobre los 2 propietarios.

Generalmente, cuando una pareja se rompe ambas partes quieren cerrar ese capítulo y continuar con su vida. Sin embargo, no siempre es posible, en ocasiones existen responsabilidades y cargas que complican la situación. Existen muchas alternativas para el reparto de la vivienda familiar tras el divorcio, pero lo más importante es que siempre resultará más sencillo hacerlo de mutuo acuerdo.

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