miércoles, 2 de diciembre de 2009

Divorcio en la Familia Real: El hombre del millón de euros

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Divorcio inminente: Los abogados de la infanta Elena y de Jaime de Marichalar ultiman estos días los detalles del acuerdo que pondrá fin a su matrimonio.
Él quiere un nuevo título nobiliario y garantizarse ciertos ingresos.
He aquí todas las claves del pacto.

Federico Echevarría.06/11/09
El acuerdo de divorcio es inminente.
Han pasado justo dos años desde que la Casa del Rey anunciara el “cese temporal de la convivencia” entre la infanta Elena y Jaime de Marichalar, y el pacto definitivo para poner fin a su matrimonio está a punto de sellarse.
Ese acuerdo es fruto de una intensa negociación entre los abogados de los duques de Lugo.

Han sido necesarios varios meses para perfilar los detalles de un trato que pivota sobre 3 frentes: ingresos económicos, estatus nobiliario y protección.
Marichalar, asesorado por la prestigiosa matrimonialista Concha Sierra (que ha protagonizado algunos de los divorcios más difíciles y complicados de la reciente historia de España), se marcó desde el principio el objetivo de lograr algo parecido a lo que en 2004 consiguió en Dinamarca Alexandra Manley tras divorciarse del príncipe Joaquín, hijo menor de la reina Margarita.
Es decir, un nuevo título nobiliario para mantener cierto estatus entre la nobleza y una asignación económica para la manutención de sus hijos.
Por lo que respecta al aspecto económico, Marichalar busca garantizar su futuro.

Hombre del millón de euros
Hace justo 2 años, el 30 de noviembre de 2007, la revista Tiempo acuñó la expresión El hombre del millón de euros para referirse a Jaime de Marichalar.
En un documentado reportaje, se contaba que la suma de los ingresos anuales del duque de Lugo alcanzaba esa cantidad, y detallábamos los sueldos que percibía de cada una de las 7 multinacionales para las que trabajaba.

Marichalar, que antes de conocer a la infanta vivía en un bajo de 40 m2, pasó a poseer en apenas 10 años un tríplex de 500 m2 en el barrio de Salamanca de Madrid.
La expresión El hombre del millón de euros se popularizó de tal forma que rápidamente muchos medios pasaron a adoptarla cada vez que se referían a Marichalar.
Sin embargo, tras 2 años de separación, el duque ha perdido buena parte de sus ingresos al dejar de ser consejero de la mayoría de multinacionales.

En este tiempo, una vez anunciada su separación, el duque de Lugo ha visto reducidos sus ingresos paulatinamente y ha tenido que abandonar algunos puestos en consejos de administración, oficialmente con la excusa de la crisis financiera y el ahorro de costes.
De momento mantiene su posición en el consejo de Cementos Portland Valderrivas, donde recibe una retribución anual de 194.000 euros, y en Loewe, donde sus varios sueldos también rozan los 200.000 euros al año.

Sin embargo, Marichalar sabe que sus puestos de consejero de Loewe y Portland podrían esfumarse de la misma forma que se ha quedado sin los del grupo Winterthur.
Así, con el argumento de que él debe hacerse cargo de la manutención de los sobrinos del Rey, sus hijos Felipe Juan Froilán y Victoria Federica, está intentando garantizarse de alguna manera que no se le descabalgue de las empresas en las que ahora mismo está presente.

Esa excusa sería casi irrefutable si la infanta Elena siguiera sin trabajo fijo remunerado, pero resulta que recientemente ha fichado por la aseguradora Mapfre.
En cuanto al segundo frente de las negociaciones, su estatus, las cosas están más claras.
Es seguro que Marichalar perderá su condición de duque de Lugo en cuanto se sustancie el divorcio, pero el Rey no está dispuesto a dejar en la estacada a quien ha sido durante 14 años el marido de su hija mayor.

Por tanto, es probable que el monarca conceda a Marichalar otro título nobiliario con el objetivo de que pueda seguir recibiendo el tratamiento de excelentísimo señor.
Quedaría así equiparado con el tratamiento que reciben sus 2 hijos al ser descendientes de infanta. Grande de España.
Para ser llamado excelentísimo señor es necesario un título con Grandeza de España.
Es decir, tendría que ser un ducado o un título que vaya acompañado de la Grandeza.
Algo que, como ha comentado a sus amistades el propio Marichalar, ya ocurrió con la ex consorte del príncipe Joaquín de Dinamarca: recibió el condado de Rosemborg tras concretarse el divorcio.

Aunque Dinamarca no es España, se están barajando algunos títulos vinculados a Soria, al viejo Señorío de Tejada (creado por Enrique IV en 1460) o a los orígenes navarros de la familia paterna del duque.
En el primer caso podría tratarse del marquesado de Tejada, un título italiano que disfrutó Luis Coronel de Palma, embajador, gobernador del Banco de España y consuegro de la condesa de Ripalda, madre de Jaime de Marichalar, pero que sus hijos no rehabilitaron en su momento por su origen dudoso.

Ahora, el Rey podría bendecir su rehabilitación, aunque tampoco se descarta que se le otorgue un título de nuevo cuño.
¿Y en cuanto al tercer frente de la negociación?
¿Qué pasa con la protección y el reconocimiento social?
Marichalar quiere seguridad. Conoce sus limitaciones y sabe del poder de la Casa del Rey, por lo que quiere seguir bajo su protección para no tener problemas en el futuro, ni con los medios de comunicación ni con otro tipo de organismos.

Desea seguir siendo respetado, aunque al final decida trasladarse a vivir a París y rehacer allí su vida.
En ese sentido, desde el palacio de la Zarzuela le van a ayudar.
No quieren que Jaime se sienta desplazado, ni siquiera que piense que lo quieren desplazar.

Reconocimiento es protección.
Y hasta ahora se lo han dado. El problema es que, ante el inminente divorcio, sólo Jaime puede protegerse de Jaime.
Serán sus actividades futuras las que marquen su presencia en la vida social española.
Y ahí está el problema. El final de la historia está pues muy cerca, pero para entender algunos detalles hay que echar la vista atrás.

Todo empezó un día 13, y martes, de noviembre de 2007.
Como si de una maldición se tratara, un teletipo puso negro sobre blanco todas las especulaciones de los días previos:
“Los duques de Lugo, la infanta Elena y Jaime de Marichalar, han convenido el cese temporal de su convivencia matrimonial, según informaron fuentes del palacio de la Zarzuela, al ser preguntadas sobre los reiterados rumores sobre su separación. La Casa del Rey ha añadido que no habrá comunicado oficial ni más comentarios”.

¿Cese temporal?
El despacho de la agencia oficial decía pocas cosas, pero daba muchos datos.
La parte importante de la información la constituían aquellas palabras que muchos se empeñaron en atribuir entonces a la reina doña Sofía, quien, por cierto, nada tuvo que ver en ellas: “Cese temporal de su convivencia”. Es decir, no había divorcio, pero sí separación.

Pero aquel teletipo daba más datos sin querer darlos.
Datos que pretendían parar el golpe de la noticia:
“A los duques de Lugo se les ha podido ver últimamente juntos en numerosos actos de la Familia Real como la boda de los Príncipes de Asturias en 2004, en la primera comunión de su primogénito, el pasado 24 de mayo, o en la foto de familia en el palacio de Marivent el último 6 de agosto. Las dos últimas veces que aparecieron en público fue con motivo de la Fiesta Nacional, el pasado 12 de octubre, y en los premios Telva, a finales de ese mismo mes”.

Tras esta parrafada, venía un pasaje fundamental que era para los iniciados todo un resumen de lo sucedido en los meses anteriores:
“Pero a nadie le extrañaba que el esposo de la infanta acudiera sin doña Elena a distintos eventos sociales y sobre todo nocturnos, principalmente fuera de nuestras fronteras, en su calidad de experto en moda, ya que es consejero de Loewe, además de la empresa Cementos Portland y presidente de la fundación Winterthur”.

Y abundaba también en otros aspectos:
“Los cumpleaños de los hijos de su hermana, la infanta Cristina, que vive con su familia en Barcelona, han llevado en múltiples ocasiones hasta la Ciudad Condal a doña Elena y sus hijos, raramente acompañada de su esposo”.

Todo un obús en la línea de flotación que se remachaba en el siguiente párrafo:
“La hija mayor de los Reyes ha continuado siempre cumpliendo con sus obligaciones como representante de la Corona en numerosos actos, unas veces junto a Jaime de Marichalar y otras sin él”.

Aquel comunicado, lleno de aparente delicadeza hacia el duque, dejaba clara cuál era la madre del cordero de la separación.
“De los 365 días del último año de convivencia –comenta una fuente muy cercana a la infanta-, el duque de Lugo se pudo ausentar de su domicilio conyugal más de 200. Sus viajes eran continuos. Parecía una huida hacia delante después de su enfermedad. A veces llamaba a Iberia para reservar billetes para él y su escolta y luego ni siquiera se presentaba. No paraba de viajar”.

De hecho, esta idea de las ausencias de Marichalar fue una de las razones que se repitió más y dio lugar a todo tipo de especulaciones.
Con todo, aquel comunicado del martes y 13 aportaba dos párrafos definitivos que la Casa del Rey quería dejar claros: el orden de sucesión a la Corona y la dedicación y entrega de doña Elena. El primero: “Según establece la Constitución de 1978, la infanta doña Elena ocupa el 4º lugar en el orden de sucesión a la Corona española, después de su único hermano varón, el príncipe Felipe, y las 2 hijas de éste, las infantas Leonor y Sofía”.
Es decir, que la importante en toda aquella película era doña Elena.

Y el segundo: “Uno de los momentos más duros de su matrimonio fue cuando el 22 de diciembre de 2001 Jaime de Marichalar sufrió una isquemia cerebral. En octubre de 2002 la infanta se trasladó a vivir durante once meses a Nueva York para acompañar a su marido durante su tratamiento de rehabilitación, que compatibilizó con sus actividades públicas”.

La enfermedad lo retrasó todo.
Es decir, que la infanta había tenido lo suyo durante su matrimonio, y que había renunciado a su vida en Madrid para estar cerca de su esposo durante la enfermedad.
Si se quería que todo aquello quedara claro era porque en aquel momento el matrimonio había empezado a entrar en crisis y sólo la enfermedad prolongó lo que estaba ya tocado.

¿Y qué pasó después de aquello? Aparentemente nada.
Nada porque para entonces la infanta ya se había trasladado desde el elegante tríplex de la calle Ortega y Gasset, junto a la plaza del marqués de Salamanca de Madrid, donde permaneció Jaime, a la antigua casa que ocupaba la pareja.

Primera escala para un traslado posterior a la casita de la Fuente del Berro y, definitivamente, a su residencia en los alrededores de Madrid.
Ya hacían vidas separadas y comenzaron a repartirse a sus hijos como si fueran dos divorciados, con un orden perfectamente establecido que provocó ciertos cambios en la vida del aún duque de Lugo.
Se ha hablado también de las Capitulaciones Matrimoniales de la pareja, capitulaciones que, como tales, deben ser depositadas ante notario y figurar en el Registro Civil para que tengan efecto.

Como en el caso de la Familia Real Española su Registro Civil se conserva en el Ministerio de Justicia, y sólo lo han visto las personas que lo custodian, no podemos saber –todo son especulaciones- el contenido de los acuerdos que se adoptaron para el caso de divorcio.
Pero hay algo que sí está claro: el Rey otorgó el ducado de Lugo a su hija, y su consorte lo lleva como tal mientras esté casado oficialmente con ella.
No obstante, la desaparición del título no era lo más grave.

Desde que se produjo el anuncio del cese, Jaime de Marichalar desapareció de la vida de La Zarzuela. No volvió a aparecer en más actos, tampoco en reuniones familiares: nada. Simplemente desapareció.
Eso no se lo esperaba ni el propio Jaime que, desde la fundación Winterthur que presidía, coincidió en algún acto en el Museo de Prado con la infanta, o en la primera comunión de su hija Victoria Federica. Algo inevitable. Pero nada más.
Esos fueron sus peores meses, pero habría algo más.
Y ese algo más llegó por donde más aprieta, por la cartera.
De buenas a primeras, su principal fuente de ingresos, la fundación Winterthur, desapareció.
El presidente de la aseguradora no tuvo más remedio que hacerse con el timón de la fundación para desalojar al consorte, que ya no contaba con el plácet de La Zarzuela.

Aquello fue lo más duro, hasta que llegó un artículo periodístico en el que se le acusaba de consumo de cocaína.
El desmentido de los abogados Los abogados de los duques de Lugo negaron entonces, era septiembre de 2008, que la infanta Elena y Jaime de Marichalar hubieran iniciado un proceso de divorcio o nulidad matrimonial, así como los motivos difundidos para la separación.

El comunicado de Jesús Sánchez Lombás y Concha Sierra decía así:
“Como abogados de la infanta doña Elena de Borbón y de don Jaime de Marichalar y Sáenz de Tejada, nombrados desde 2007 para la formalización de su cese temporal de convivencia, manifestamos: que son absolutamente falsas y carentes de base alguna las pretendidas iniciativas, supuestamente en curso, sobre el divorcio o demanda de nulidad matrimonial ante tribunal eclesiástico alguno, a petición de cualquiera de las partes, y que son absolutamente falsos los hechos narrados como supuestos de una inexistente demanda de nulidad canónica del matrimonio”.

Sin embargo, ese comunicado no decía toda la verdad.
Lo cierto es que, en contra también de lo que incluso había dicho la Reina en el polémico libro de la periodista Pilar Urbano, ya se habían movido papeles sobre el divorcio cuando se dio a conocer la separación en 2007.
Y los abogados empezaron a trabajar a destajo desde el mismo día del anuncio del “cese”.

Ahora, 2 años después de aquello, los bufetes tienen listo el acuerdo para poner fin al matrimonio
Cuando todo sea definitivo, se anunciará oficialmente, si bien algunos detalles del pacto se mantendrán en secreto, especialmente aquellos relativos a los ingresos del todavía duque de Lugo y al tipo de asesoramiento y protección que recibirá por parte de la Casa del Rey.
Lo que sí se hará saber es si el Rey acaba concediéndole un nuevo título y el hecho de que, por supuesto, podrá ver a sus hijos cuando quiera aunque vivan con la madre

1 comentario:

Rosa Maria dijo...

Estoy tan harta de mantener a esta gente tan inutil impuesta por un dictador, Señores no tenemos una monarquia democratica no nos engañemos,yo estoy a favor de un referendum para echarlos o no, ya basta de vestidos, coronas,joyas, viajes, guardaespaldas, coches, servicio etc.....