domingo, 19 de junio de 2016

el divorcio: ¿un proceso más difícil para el hombre?


El reinicio después del divorcio: ¿un proceso más difícil para el hombre?
¿la Resilencia varia según el genero?.Miedo a la soledad, nueva cotidianedidad e inseguridad sexual serían algunos desafíos a superar.




Separarse de la persona con la que una vez se proyectó un futuro -y se apostó a el- no suele resultar nada fácil. Tampoco lo es reacomodar el tablero y acostumbrarse a la nueva posición para reiniciar otra partida y seguir con la vida. Sin embargo, aunque generalmente son los hombres quienes forman 1º una nueva pareja, las mujeres parecerían contar con más herramientas psicoafectivas para reponerse. ¿Existe realmente una diferencia entre géneros en cuanto a la manera de sobrellevar la situación?

El periodista Sergio Sinay, autor del libro “El hombre divorciado”, recuerda que la mayoría de los divorcios son difíciles, porque nadie se casa para divorciarse: “Es el final de un proyecto, y aunque termine en buenos términos, requiere un período de duelo”. El autor plantea que durante este tiempo aparecerán períodos de tristeza, reacomodamiento, extrañeza y cierta sensación de vacío, por muy añorada que haya sido la situación.

“Para muchos hombres, conscientes del proceso que atraviesan, esto se ahonda debido a ese factor cultural según el cual se da por sentado (sin la menor discusión) que es el hombre quién ‘debe’ dejar el hogar común, aun cuando no haya sido quien tomó la iniciativa del divorcio. Y esto significa pérdida de espacios conocidos, de contextos, de vecindades, de rutinas, de olores y sonidos habituales”, señala Sinay.


La psicóloga especialista en pareja, María de Jesús Ferrero, coincide en que separarse siempre implica la necesidad de adecuarse a una nueva estructuración de la vida cotidiana, independientemente de si esta decisión fue consensuada o surgió de una de las partes: “Es un ‘empezar de nuevo’ con los miedos e inseguridades que eso implica. Además, el proceso doloroso se puede agudizar a determinada edad, cuando los duelos son moneda corriente”.

La especialista considera que el reinicio luego del divorcio suele ser difícil para ambos géneros por igual. Pero marca una diferencia en cuanto al lugar en donde se busca refugio: “Muchos hombres, para pasar este tramo doloroso se refugian en el trabajo o en nuevas actividades. Las mujeres, en cambio, generalmente eligen refugiarse en los afectos, principalmente en la familia”.

El psicólogo Leopoldo Mancinelli, en cambio, sí considera que puede existir una diferencia según el género en cuanto a la capacidad para reponerse de esta situación: “Si bien la mujer suele ser la que queda más desprotegida en una separación, porque por lo general decrece ostensiblemente su nivel de vida, tiene más recursos psicoafectivos para enfrentar la soledad o la ausencia de pareja”, dice el especialista, y agrega: “Las mujeres tienen mayor capacidad de adaptación a los avatares dolorosos de la vida”.

Según señalan los profesionales consultados, el modo de separarse incide sobre cómo será la recuperación. “Si la separación se dio en medio de un gran conflicto, forcejeos emocionales, descalificaciones, manipulación, ocultamientos, trampas, quedará un residual importante de resentimiento, de reproche y una discusión interna a veces interminable que, en lugar de predisponer para una reconstrucción de la propia vida, orienta hacia el pasado y termina por convertirse en una continuidad solapada del vínculo”, describe Sinay.

¿difieren los recursos para enfrentar la soledad?

Desde la perspectiva de Sinay, los recursos para enfrentar la soledad pueden diferir según el género: “Generalmente las mujeres cuentan con una red de amigas que rápidamente la contienen, se solidarizan, funcionan como escucha orientadora y terapéutica, mientras que los hombres, como en tantos otros aspectos, tienden a aislarse y a aferrarse al ‘aguante’ o, peor, a la negación mediante conductas maníacas como son duplicar el trabajo, salir con mujeres que no les interesan, rodearse de amigos oportunistas y disfuncionales, ‘matarse’ en deportes de riesgo”.

Para Sinay, los hombres que son capaces de poner pausa, conectarse con sus necesidades, admitir que están en un momento y en una situación vulnerable y de alta sensibilidad y que pueden pedir lo que necesitan, sobre todo a otro hombre, pasarán por un proceso de recuperación funcional y reparador.

Tiempo de duelo

En cuanto al tiempo de duelo, pese a la cantidad de investigaciones que se realizaron sobre el tema, los especialistas no suelen llegar a un acuerdo. Depende de la persona, de los proyectos existenciales, de cómo fue la separación. Lo único cierto es que el duelo resulta necesario y que quien quiera evitarlo solo lo postergará para que aparezca disfrazado de otra cosa: enfermedades, accidentes, conductas disfuncionales, manías”, dice Sinay.

Por su parte, Ferrero sostiene que los tiempos de duelo no se pueden preveer ni truncar: “Es un proceso que está en relación con las características estructurales de cada miembro de la pareja, pero además tendrá que ver con el poder de adaptación a la nueva realidad que cada uno posea. El amor, el encuentro con el otro y la posibilidad de una nueva ocasión de rehacer la vida están atravesados por el hecho de que el mundo como era se modificó radicalmente, y a eso debemos sobreponernos con los recursos con los que contemos, ya que ante la incertidumbre que provoca la idea de fracaso la respuesta de cada uno es singular”.

Adaptarse a la nueva soltería, en un mundo que se presenta turbulento y vertiginoso -según plantea Ferrero- enfrentar el miedo a la soledad, a no poder superar esa pérdida, a no poder reorganizarse y al acercamiento con otros, están signados principalmente por cuestiones de autoestima. “No debemos olvidar que el fracaso amoroso es una herida narcisista”, dice.

Sinay marca un error, común en los hombres, durante esta etapa: “Muchos no quieren ser vistos como ‘abandonados’, deprimidos, ‘perdedores’ y entonces, sobre todo si tienen hijos, se borran diciéndose a sí mismos que ya regresarán cuando sus hijos o amigos cercanos los vean de otra manera, es decir, recuperados. Este es un grave error. Lo mejor es mostrarse tal como se está. Los hijos, sobre todo, aprenderán a conocer así a un padre de carne y hueso, real, con emociones”.



Por lo general, los hombres divorciados tienden a armarse rápidamente otra pareja, Sinay explica que el origen de esta actitud se encuentra en una educación machista: “Los varones están preparados para la guerra, para la competencia , para el manejo de las cuestiones públicas y externas, pero no para la auto asistencia emocional, para la supervivencia doméstica, para la cotidianidad no productiva”.

Como consecuencia -afirma el especialista- no saben qué hacer con sus hijos cuando están a solas con ellos, les cuesta crearse un espacio doméstico propio y encontrar un lugar de intimidad confortable. “Buscan (y esto les ocurre incluso a los varones aparentemente más poderosos, plantados, eficientes y machos) algo que remede el regazo materno. Y lo buscan en una nueva pareja. Esto coincide con el mandato cultural que pesa sobre las mujeres impulsándola a ‘maternar’ a todo el mundo, inclusive a sus parejas. Siempre habrá una mujer-madre para un hombre-niño. Y esto tiene mucha incidencia en la vigencia del machismo”, dice Sinay.

La sexualidad después del divorcio

Aunque a la mayoría de los hombres les cueste reconocer, el encuentro sexual con una nueva mujer es un tema que con frecuencia angustia a los nuevos solteros.

La inseguridad sexual de los varones es uno de los secretos mejor guardados. Y no solo se manifiesta en el encuentro con una nueva pareja sino siempre. Es producto del imperativo de ser rendidor, potente y eficiente para revalidar el carnet de hombre”, dice Sinay, y explica que la sexualidad del varón (por mandatos culturales) se basa en la producción más que en la emoción, en el rendimiento más que en el afecto. “Muchos varones sienten (con razón) que una vez divorciados hay sobre ellos una enorme expectativa: se espera que ahora se conviertan en perfectas máquinas sexuales sin barreras. De todos modos, si los varones de todas las edades (y muy marcadamente los jóvenes y los de mediana edad) no tuvieran enormes inseguridades sexuales ocultas, el viagra y similares hubieran pasado sin pena ni gloria. Pero su éxito es, al mismo tiempo, una denuncia”.

El gran desafío, señala Sinay, siempre es afirmarse, construirse e identificarse como hombre antes que como macho: “Nacemos varones y debemos hacernos hombres desarrollando todos los aspectos de nuestro ser, explorando nuestro campo emocional y afectivo, nuestros sueños, incorporando valores, ampliando los horizontes cerrados y rígidos de los mandatos de género. El divorcio, aun cuando no es una circunstancia deseada, puede ser una oportunidad, como suelen serlo las crisis”.