domingo, 11 de diciembre de 2016

Puerto Rico: Disminuyen los matrimonios y los divorcios

Expertos analizan la merma en bodas y rupturas legales reflejada en los últimos años.
Por Mariana Cobian, sábado, 10.12.2016
En Puerto Rico se palpa una marcada reducción en el nº de personas que optan por casarse formalmente, pero también en la cifra de divorcios.
La emigración, entre otros factores económicos, sociales, de creencias y hasta de moda influyen en por qué algunos optan por no unirse en matrimonio con sus parejas.
Igualmente ocurre con los divorcios, que han bajado al haber menos personas y menos casamientos, además de las repercusiones financieras y familiares que supone una ruptura.
Según estadísticas del Registro Demográfico, en el 2012 se registraron 17,948 casamientos. Este número disminuyó en 2013, cuando se casaron 17,010 parejas. Para el 2014 y 2015 se reflejó una disminución de matrimonios, con 16,668 y 16,987, respectivamente. Pero la baja más significativa es la diferencia entre el año pasado y lo que va de este año –hasta el 30 de noviembre–, con un descenso marcado de 3,709. 
En el 2016, se inscribieron 13,278 matrimonios.
En cuanto a los divorcios, la Oficina de la Administración de los Tribunales (OAT) informó que en el año fiscal 2012-2013 se reportaron 13,282 rupturas matrimoniales, mientras que en el 2013-2014 fueron 12,591. En 2014-2015 fueron 11,954, y en 2015-2016, 11,517.
“Casarse no está de moda”
La convivencia es cada vez más frecuente entre parejas que le huyen al compromiso y que piensan que “si no funciona, me voy”.
De hecho, el sociólogo José Rodríguez Gómez opinó que cada vez hay más “familias no tradicionales”, y se atreve a decir que “si no están 1 a 1 (en proporción), ya sobrepasaron (la familia tradicional)”.
Cada vez hay más relaciones no tradicionales como las relaciones consensuales. Pienso que hay algo de miedo por cuestión de qué conlleva un compromiso. Se ven que si no les conviene, se acabó y ya. Que eso de que es para toda la vida es una falacia”, destacó el catedrático de la Universidad de Puerto Rico (UPR).
Manifestó que antes, las relaciones consensuales no eran bien vistas, pero “ya se ven con mayor aceptación”.
“Algunos hasta piensan que mejor que convivan y si no funciona, adiós. No hay que dar la pelea para que sobreviva la relación”, opinó.
La generación de jóvenes hoy día es “más permisiva”, por lo que piensan que es mejor no casarse.
“Lo que veo es la tendencia a cada vez tener menos matrimonios y muchos, muchísimos menos hijos. Esto por el factor económico, el profesionalismo y que quieren disfrutar la vida”, agregó Rodríguez Gómez.
En cuanto a la merma en divorcios, Rodríguez Gómez planteó que esto ocurre por el “qué dirán”, porque no les conviene económicamente la división de bienes y por evitar la ruptura de la familia, especialmente si hay hijos.
“Hay matrimonios que no quieren llegar al divorcio, pero emocionalmente hace rato que están divorciados. Ya emocionalmente están distanciados o separados”, dijo el sociólogo.
La demógrafa Judith Rodríguez Figueroa planteó que “la población joven no se casa”, además de que la reducción poblacional se ha visto más marcada en la juventud.
Señaló que en 10 años, específicamente del 2005 al 2015, se vio un descenso de 18% en la población de mujeres entre los 15 y 44 años. Esto debido a que se ha notado una reducción en la tasa de natalidad, más la ola migratoria.
La gente no se está casando y muchos no tienen hijos. La mortalidad supera a los nacimientos que hay. Si le añades la emigración que hemos tenido, que cada vez se está yendo más gente joven, mujeres en edades reproductivas. Por ende, menos gente se va a casar, y menos gente se va a divorciar”, manifestó la catedrática jubilada del Programa Graduado de Demografía del Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la UPR.
“Casarse no está de moda”, agregó.
Indicó que muchos prefieren convivir antes de formalizar “un compromiso serio, firmar un contrato”.
“Piensan, ‘¿me voy a meter en esto?’. En cuanto a las mujeres, ya muchas no se ven como que quieren tener un rol de procreadora nada más. Muchas quieren ser profesionales y eso les da satisfacción. Piensan, ¿traer una criatura al mundo, como están las cosas? Además está el factor económico. Tener un hijo da trabajo y cuesta. Eso aporta a que la natalidad siga disminuyendo. Cuando pasen 10 a 20 años, esa población entra en edad casamentera y no querrán casarse ni seguir procreando”, auguró Rodríguez Figueroa.
En cuanto a las mujeres, destacó que antes tenían la presión de la familia y la sociedad si llegaban a una edad y estaban solteras, pero “ya eso ha cambiado”.
“Piensan, ‘antes soltera que mal casada’”, expresó la demógrafa.
La experta puntualizó que, desde el punto de vista demográfico, hay descenso de matrimonios y divorcios, y auguró que seguirán mermando porque “la reducción de gente joven se irá agudizando”.
El historiador y sociólogo de la religión Lester McGrath estuvo de acuerdo en que los que se han ido a la diáspora y la época moderna en la que el matrimonio ha ido “cediendo” son razones por las cuales ya no hay tantos casamientos, pero, a su entender, hay más divorcios que antes.
“La población puertorriqueña se fue a la diáspora. Pero también la mayoría de nuestros jóvenes están firmemente en la posmodernidad. En la medida que pasa el tiempo, la institución del matrimonio ha ido cediendo. Hay montones de parejas que viven juntos”, planteó el profesor del Recinto Universitario de Mayagüez.
“Ya (el convivir) no crea una crisis a los padres. Los que deciden vivir como pareja ya no crean ronchas a los padres. Se han soltado las amarras de la sociedad antigua del sello de ‘good housekeeping’. Ya son hijos legítimos, no ilegítimos como se veía antes. No crea ronchas con nadie. Se soltaron las amarras religiosas”, agregó.
En el aspecto religioso, el expastor catalogó que, aun los creyentes religiosos van a lo que él llama “un supermercado de ideas religiosas”, en el que escogen qué creen y qué no creen.
“Un siglo atrás, los religiosos eran firmes creyentes los 7 días de la semana. Con el pasar del tiempo, las creencias se van aislando a los domingos en un templo, en el espacio sagrado. La gente tiene un ‘switch’ (interruptor) que prenden y apagan”, opinó McGrath.
Como ejemplo, recordó que la Iglesia Católica prohíbe el uso de contraceptivos, pero muchos matrimonios y parejas los usan.
“Eso no se toca ni el sacerdote entra en eso. La mayoría usan métodos contraceptivos que están prohibidos, aun cuando son creyentes. La gente escoge qué cree”, destacó McGrath.
No obstante, aunque no es lo que se demuestra en las estadísticas, entiende que hay más divorcios.
“Creo que es un fenómeno sociológico y las estadísticas dicen que el 70% de los matrimonios se divorcian para los 10 años. Ya la gente es menos paciente unos con los otros. Está como opción el divorcio al momento de casarse. Esos juramentos vitalicios no sirven para nada. Vivimos en una etapa instantánea. Ya no hay eso de una promesa para el resto de la vida”, dijo el sociólogo.
De hecho, recordó que hace 50 años no se veían pastores divorciados, pero ahora, con el pasar del tiempo, “quizá un 25 o 30% del pastorado de denominaciones evangélicas somos divorciados”.

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“Si ven que la cabeza de la iglesia, la persona que oyes y sigues está divorciada, se ve cada vez más aceptado”, apuntó McGrath.