lunes, 7 de noviembre de 2016

Divorcio y Patrimonio: Pedro J. y Ágatha Ruiz de la Prada


Foto: Pedro J. y Ágatha Ruiz de la Prada

El matrimonio posee un importante patrimonio artístico e inmobiliario. Ahora deberán llegar a un acuerdo para ver quién se queda con qué. P.Barrientos|
Hace 15 días Ágatha Ruiz de la Prada y Pedro J. Ramírez cenaban tranquilamente en su casa del paseo de la Castellana con sus hijos, Cósima y Tristán. Una reunión familiar que no suele ser habitual en el hogar del matrimonio porque siempre falta algún miembro. Unas veces eran los hijos y, en otras ocasiones, se trataba de viajes de la diseñadora por medio mundo por motivos de trabajo. Destinos habituales eran París, donde tiene su tienda y su apartamento colorista, así como China, Estados Unidos o los Emiratos Árabes.
En cambio, Pedro J. en su nueva etapa profesional no tenía tanto movimiento como su pareja. La última vez que tuvieron un encuentro cotidiano de ese tipo fue el viernes 28 de octubre. La razón del cónclave era participar en el reportaje de la revista 'Vogue'. Al día siguiente era el propio Ramírez el que le comunicaba a su mujer su decisión con un “tenemos que hablar” para a continuación hablarle de su intención de empezar una nueva vida. Como sucede en estos casos la decisión fue unilateral. El periodista daba por finalizada una etapa afectiva tras 30 años de convivencia ante el asombro 1º y un terrible enfado después de Ágatha. Como confirmaba la propia diseñadora a Vanitatis: “No hay vuelta atrás. Estoy indignada y desde luego que no intuía que pudiera suceder. Es una putada”.
Una vez con las cartas sobre la mesa la cuestión siguiente será plantear un divorcio que en este momento y, según las fuente consultadas, no va a ser de mutuo acuerdo. Lo más importante es resolver el tema económico. El matrimonio posee un importante patrimonio artístico e inmobiliario con viviendas en Madrid, Mallorca, París, Milán y una finca en Carabaña (Guadalajara), donde tienen de vecino a Rodrigo Rato. Este campo era propiedad de la madre de Ágatha y allí se organizaban fiestas temáticas cuando Cósima y Tristán eran pequeños. A su muerte se repartió entre los 5 hermanos. Algunos de ellos vendieron su parte a la pareja ahora disuelta. El matrimonio edificó una preciosa casa que ha sido lugar de encuentros y reuniones importantes.
En París, además del apartamento en la zona de Les Halles, poseen un local comercial y un garaje. Cuando Ágatha empezó a expandir su negocio alquiló una vivienda en Milán que después adquirió y que en la actualidad estaría puesta a la venta. La casa del paseo de la Castellana fue propiedad de José Luis de Vilallonga y la adquirió Pedro J. Su padre, al que le toco la lotería, entregó a cada hijo 2 millones de pesetas que el periodista utilizó para abonar parte del dúplex. El resto de patrimonio se cierra con la villa de verano en la Costa de los Pinos (Mallorca), que compraron en 1999 a la viuda de Joaquín Calvo Sotelo. La piscina de la propiedad fue motivo de litigio durante años hasta que el Tribunal Supremo determinó que se encontraba en “zona de dominio público marítimo y terrestre”.
Todo esto más las obras de arte y las empresas tendrán que valorarse. Con los años, la diseñadora consiguió crear marca y ahora la venta de licencias le reporta importantes 'royalties'. Según confirman a Vanitatis: “Los ingresos de Ágatha son ahora muy superiores a los de Pedro ,que lo que gana lo invierte en su periódico. Ella no es accionista de 'El Español', pero todo lo demás lo tendrán que repartir”.
Para Pedro J. tomar la decisión de separarse ha sido quizá más difícil que en su anterior ruptura matrimonial con Rocío, a la que conoció en la Universidad de Navarra y con la que legalmente no se divorció hasta el 2005, aunque ya llevaba años con Ágatha Ruiz de la Prada. A los 64 años resulta más complicado abandonar una aparente estabilidad conyugal y volver a empezar una vida nueva con otra pareja. Podría ser un 'dèjá vu', porque hace 30 años también hubo una conversación parecida con su 1ª mujer, madre de su hija María, precedida de ese 'tenemos que hablar'. Con ella mantiene actualmente una excelente relación.
La diferencia de ahora con el pasado es que hay mucho más en juego tanto en el plano afectivo como en el económico. “Pedro tiene esa facilidad para cambiar las situaciones negativas en positivas y, al final, aunque te haya hecho faenas gordas, las perdonas. Rocío nunca le exigió nada, aunque por ley le hubiera correspondido. Es una persona muy discreta que nunca quiso líos. Lo que sucede con Ágatha es que el perdón va a resultar muy difícil. Esta separación será complicada porque hay mucho que repartir y sobre todo un enfado monumental por parte de ella. Considera que Pedro lo podría haber hecho de otra manera y no así de la noche a la mañana. Y sobre todo con un reportaje en 'Vogue' apareciendo como una familia feliz. Lo peor en los divorcios es que una de las partes quede resentida. Y Ágatha está muy dolida”, explica a Vanitatis fuentes cercanas a la pareja para las que también ha sido una sorpresa esta ruptura. Todos los consultados afirman que puede ser un divorcio muy complicado si no llegan a determinados acuerdos emocionales previos que eviten, precisamente, el desmembramiento de un patrimonio que ha crecido a lo largo de estas 3 décadas de relación. En estos momentos, no hay acercamiento verbal y serán los abogados de cada uno quienes inicien los trámites legales. Pedro J. ha elegido al abogado y exmagistrado Gómez de Liaño, con el que le une una fuerte amistad. Por ahora se desconoce quién se ocupará de la defensa en el proceso de divorcio de la diseñadora, pero parece que se ha decantado por Elena Zarraluqui. Se trata de la hija del prestigioso abogado matrimonialista que también ha llevado el divorcio de Carmen Alcocer Koplowitz y Juan Losada, firmado sin escándalos este verano.