domingo, 19 de junio de 2016

El abuso infantil por alienación parental está a la orden del día




Claudia Sánchez Castilllo, 16 de junio de 2016 


El denominado como Síndrome de Alienación Parental (SAP), descrito por el psiquiatra Richard Gardner en 1985, es considerado como un tipo de maltrato infantil. Este se presenta cuando un niño, de forma permanente y sin justificación desarrolla un odio patológico hacia uno de sus progenitores. Este odio, sin embargo, tendría su origen habitual en uno de los padres. De esta manera, un progenitor intentaría poner en contra del otro al menor, a través de lo que podría ser denominado como un "lavado de cerebro".
Dicho síndrome ha ido tomando especial relevancia en los últimos tiempos, debido principalmente al aumento en el número de separaciones y divorcios, con los consiguientes litigios relacionados con la custodia de los hijos. El diagnostico de un niño con el Síndrome de Alienación Parental es utilizado por los abogados matrimonialistas como herramienta de defensa en los casos en que los niños presentan una clara animadversión hacia uno de los progenitores. Así, el diagnóstico del SAP en un menor, abre la puerta a que el progenitor rechazado logre la custodia, al considerarse que este rechazo está causado intencionalmente por el otro progenitor y no por razones justificadas.
Existe sin embargo una gran controversia con respecto al SAP al no existir un consenso científico al respecto. El Síndrome de Alienación Parental no está reconocido como un trastorno psicológico por la Organización Mundial de la Salud o por la Asociación Americana de Psiquiatría. La inmensa mayoría de los litigios presentan además a la madre como supuesto progenitor manipulador, situando al padre como víctima. Desde algunos sectores se ha considerado así al SAP como un ataque al colectivo de mujeres. El propio Gardner, acuñador del término, describe como "las madres de estos niños son a menudo fanáticas. Utilizan todo medio a su disposición (legal o ilegal) para impedir las visitas, obsesionadas por el odio a su marido, en muchos casos son paranoicas".
Sin embargo, las críticas al SAP no acaban aquí. Para poderse efectuar un diagnóstico del Síndrome de Alienación Parental ha de estar demostrado que no ha existido violencia física o psicológica por parte del progenitor rechazado por el niño. Esto supone en la inmensa mayoría de los casos que ha de ser evidente que el padre no ha ejercido ningún tipo de maltrato sobre la madre o el propio menor.
Sin embargo esto es especialmente problemático, pues se entiende que un niño diagnosticado con SAP puede llegar a denunciar falsamente de abuso o maltrato a uno de los progenitores inducidos por el otro. Lo que en la práctica supone que el testimonio del menor quede en tela de juicio, no teniéndose en cuenta y poniéndose en duda los supuestos abusos o maltratos descritos y no estudiándose los orígenes o motivos de este rechazo, declarándolo como totalmente inducido por uno de los progenitores (habitualmente la madre), con la única intención de separar al menor de su expareja.
La falta de rigor científico, la sensibilidad del asunto en cuestión y los conflictos de género que derivan de que las acusadas de manipular al menor son en su gran mayoría las madres hacen al Síndrome de Alienación Parental objeto de grandes controversias. Ha de tenerse en cuenta además, según denuncian algunos colectivos, que el diagnostico de un niño con SAP en un juicio puede llevar a que la custodia del menor sea otorgada al progenitor rechazado con el consiguiente peligro de que el menor pase a manos de un progenitor que haya abusado o maltratado física o psicológica a la madre o al mismo menor.