lunes, 30 de mayo de 2016

El negocio de divorciarse en España en ocho casos


......A GOLPE DE TALONARIO.  

La semana en la que se conocía el divorcio del presidente de Ferrovial repasamos los sonoros y millonarios divorcios que han protagonizado numerosos empresarios españoles.




Ya lo dijo San Agustín en la época del Imperio Romano: “Casarse está bien. No casarse está mejor”. Y eso es lo que ha debido de pensar más de un empresario español de las altas esferas tras divorciarse de su pareja y que esta resulte millonaria tras la separación. Los últimos en protagonizar una ruptura de este calibre han sido el presidente de Ferrovial, Rafael del Pino y su mujer, la ejecutiva de JP Morgan, Astrid Gil-Casares.


Astrid Gil-Casares y Rafael del Pino se han separado tras 10 años de matrimonio.
A pesar de que aún no se han aireado las cifras que podría alcanzar esta separación, se espera que sean astronómicas y pueden alcanzar una cuantía récord. Él, el 6º hombre más rico de España según la lista 'Forbes', posee el 20,25% de las acciones de Ferrovial, y su patrimonio supera los 3.000 millones de euros.
Aunque la separación de Del Pino y Gil-Casares aspire a conseguir el título del divorcio multimillonario del siglo en España, no son los únicos empresarios que han protagonizado una separación con importante capital de por medio. 
Divorcios al estilo Inditex
Uno de los divorcios más rentables de este país fue el de los fundadores de Zara: Amancio Ortega y Rosalía Mera. Ella, tras la separación, se convirtió en una de las personas más ricas de España y su fortuna llegó a alcanzar los 4.500 millones de euros. Sin embargo, debido al secretismo que rodea su vida, pocas cifras más se conocieron de la ruptura.


Amancio Ortega y Rosalía Mera protagonizaron un millonario divorcio.
29 años después, en 2015, llega el 2º divorcio en la familia más rica de España. Y es que, Marta Ortega, hija única del 2º matrimonio de Amancio, recuperó el año pasado el título de soltera de oro, al que había renunciado el 18 de febrero de 2012 en el Pazo de Drozo al contraer matrimonio Sergio Álvarez. Marta-Ortega y Sergio Álvarez se separaron hace 1 año.
Con un capital de 46.000 millones de euros, Marta conoció a Sergio en un concurso de hípica. Tras 4 años de noviazgo, contrajeron matrimonio después de que él firmara un duro contrato prematrimonial .Y es que, una fortuna como la suya no permite descuidos. Según apuntaron medios gallegos los días antes del enlace, él renunció a cualquier pensión compensatoria y prometió permanecer en silencio en caso de separación.
Sin embargo, al separarse Marta cedió a Sergio los caballos que le prestó mientras estaban casados. Uno de ellos, Carlo 723, está valorado en más de 4 millones y fue un regalo de su suegro, pero nunca llegó a estar a nombre del jinete. Por la concesión de los equinos, sobre todo de este último, tiene una contraprestación a seguir: debe guardar silencio. 
Circo mediático en el ministerio de Educación
Uno de los últimos divorcios que han causado un huracán en Madrid ha sido el de la actual mujer de Wert, la ex secretaria de Estado de Educación Monserrat Gomendio. La separación de la que fuera la mujer más rica del Gobierno de Mariano Rajoy no dejó indiferente a nadie. Y es que, el divorcio Gomendio fue un auténtico circo: se enamora de su jefe, interpone una demanda de divorcio contra su marido, comienza entonces una batalla judicial para repartir un patrimonio de más de 14 millones de euros y casas en Madrid, Londres y Cambridge y termina con un desahucio.


Todo comienza cuando en el verano de 2012, la secretaria de Estado de Educación, que en la declaración jurada del cargo manifestó tener 14,5 millones de euros, se enamora de su jefe. En otoño, abandona a su marido y por su puesto, la vivienda familiar. Poco después se marcha a vivir con Wert e interpone la demanda de divorcio. Las medidas cautelares de la separación dictaminaron que la vivienda familiar que había compartido Gomendio con el que fuera su marido durante más de 23 años, Eduardo Raúl Roldán, sería disfrutado por ambos de forma alternativa en plazos de 2 años.
Sin embargo, ella no se mostró conforme con la medida y decidió recurrirla solicitando que la vivienda fuese para ella y pidió una pensión para la manutención de los hijos. Aunque estas 2 últimas peticiones fueron desestimadas por el juzgado, se mantuvo el periodo por el que el ex matrimonio disfrutaría del piso.


Gomendio y Wert se enamoraron trabajando juntos en el Ministerio de Educación. 
Gomendio deja entonces el Gobierno y se marcha a vivir a París, para trabajar en la OCDE. Ante el cambio de trabajo, su ex marido solicita ocupar durante 1 año más la vivienda familiar alegando que ella no reside en España, hasta el regreso de ella o hasta que se disuelvan los bienes gananciales de la ex pareja. Los abogados de ella se negaron en abril de 2015 a ampliar el plazo y solicitaron el lanzamiento de la vivienda y la entrega de las llaves a Gomendio.
Además de la guerra por el piso, este divorcio incluye otra complicada guerra judicial: el reparto de los bienes gananciales ya que además de la casa en Somosaguas, el matrimonio poseía una casa en el barrio londinense de Chelsea y otra en Cambridge. Este otro juicio es el que decidirá el reparto final de los bienes gananciales de la pareja.
Sin embargo, la causa se ha ido complicando cada vez más y el juez ha abierto varias investigaciones paralelas para indagar en 18 empresas de la familia de Gomendio en las que ella podría tener intereses económicos. El objetivo es determinar la participación que tiene la ex secretaria de Estado en las sociedades y proceder al reparto de gananciales. El proceso va a ser complejo ya que algunas de estas compañías están domiciliadas en el extranjero. ¿Quién ganará la batalla judicial?. 
Los sonados divorcios de las Koplowitz y los Albertos
2 de los divorcios más sonados de finales de los 80 y principios de los 90 fue el de las hermanas Koplowitz. Y es que, esta es la historia de 2 poderosas hermanas que se casaron con 2 primos con unos meses de diferencia y decidieron también divorciarse en el mismo año, recuperando así el control de sus finanzas.


Reportaje de la revista
En 1969, Esther Koplowitz contrajo matrimonio con Alberto Alcocer y pocos meses después, Alicia la secundó casándose con Alberto Cortina, primo del 1º. A pesar de casarse en régimen de separación de bienes, ambas perdieron sus sillas el consejo de administración de Cycsa, la empresa familiar, y se sentaron en ellas sus maridos. Los primos, ataviados siempre con sus características gabardinas, impulsaron la empresa hasta convertirla en una de las más importantes del sector.


Durante los años de expansión de Cysca, ellas se dedicaron a la educación y crianza de sus hijos. Esta situación se mantuvo hasta 1990 cuando España entera fue testigo de cómo Cortina era infiel a Alicia con Marta Chávarri, casada en aquel momento con el marqués de Cubas.


Desde ese momento, pasaron de ser prácticamente desconocidas para la opinión pública a ser perseguidas por los paparazzis. Las negociaciones de estos 2 polémicos divorcios fueron muy tensas. Finalmente, ellos abandonaron el consejo de administración de Cycsa y recibieron 2.000 millones de las antiguas pesetas por "su buena gestión empresarial", se quedaron con el 30% de las acciones que Cycsa poseía en el banco Zaragozano, el 10% de Cofir, el 5% de Canal Plus y el 100% de la compañía Uniseguros.
Una vez que recuperaron la soltería, retomaron las riendas de la compañía y siguieron expandiéndola. Así, en 1992 nació FCC, fruto de la fusión de Cycsa y Focsa, y 6 años más tarde Alicia vendió su paquete a su hermana por una importante suma de dinero. 
Manuel de la Concha, separación, cárcel y ruina
Al mismo tiempo que las Koplowitz se separaban, se producía otro sonado divorcio en la capital. Fue el protagonizado por el entonces presidente de la Bolsa de Madrid, Manuel de la Concha, y su mujer, Paloma Altolaguirre. Ese mismo año, en 1990, De la Concha pagó a su mujer una de las cantidades más elevadas pagadas hasta entonces por una ruptura: más de 7 millones de euros. Mientras las Koplowitz retomaban las riendas de sus empresas y les sonreían los negocios, estallaba el escándalo del Grupo Ibercorp, del que De la Concha era vicepresidente.


Manuel de la Concha e Isabel Falabella, por la que éste dejó a su esposa, Paloma Altolaguirre. 
Fue condenado a varios años de cárcel y sumido en la ruina, recurrió a los tribunales para reclamar a su ex esposa parte de la pensión que, de mutuo acuerdo, le concedió durante el divorcio. 
Otras rupturas millonarias de los 90
El reparto de mansiones, fincas, coches de lujo, yates, acciones, fondos de inversión y cuentas bancarias tras las rupturas sentimentales de la jet-set de la Villa y Corte en los años 90, también ocuparon portadas. Sin embargo, estas sonoras noticias eran, generalmente, consecuencia del lío de faldas entre empresarios y modelos y actrices.


En esta línea, uno de los más sonados de la época fue el protagonizado por José Frade y Adriana Rothlander, cuando el magnate de cine la abandonó por la vedette Norma Duval. En la separación, él tuvo que ceder el 50% de su patrimonio a su ex mujer.


Otra millonada le costó al empresario naviero Fernández Tapias su relación con Mar Flores. Por su romance con la modelo tuvo que pagar a su mujer 12 millones de euros, parte de su patrimonio y una importante pensión mensual.


Y es que, los divorcios en las altas esferas empresariales de España pueden pasar desapercibidos de no ser que haya infidelidades de por medio o se forme un circo mediático por un desahucio. Sean o no sean de dominio, para muchos de ellos la ruptura se convierte en un auténtico negocio.