miércoles, 16 de septiembre de 2015

Desmontando algunos mitos sobre la violencia de género

«Desde el 2009, el cómputo oficial de denuncias falsas asciende como máximo al 0,01 % de los casos denunciados, una cifra totalmente residual»

Beatriz Torreblanca | Presidenta de la Associació de Dones Progressistes d´Eivissa, 15.09.2015 |
Hace unos días se publicó en este diario un artículo de opinión de Helena Echevarría titulado ´La realidad de la atención a las víctimas de malos tratos en Ibiza´ donde, y en ese punto estamos totalmente de acuerdo, la abogada se quejaba de la falta de medios de las que disponen los juzgados y la necesidad de exigir la mejora de esta intolerable situación a los ministerios de Justicia e Interior. Como no podía ser de otra manera, apoyamos y secundamos totalmente esta exigencia. Lo que no compartimos en absoluto es la mención reiterada durante el artículo al mito de las denuncias falsas que, recordamos, intentan ser combatidos desde las más altas instancias jurídicas por su falsedad y por lo que significan de merma en la credibilidad del testimonio de las mujeres que denuncian malos tratos. Su lectura nos ha recordado al célebre y lamentable tuit del diputado de UPyD, Toni Cantó, cuando aseguró que la mayoría de denuncias eran falsas y que se debían a intereses que no tenían que ver con la violencia de género. Hemos de recordar que estas intolerables afirmaciones causaron un gran revuelo y que fueron firme y enérgicamente contestadas por la Fiscalía General del Estado y el Consejo General del Poder Judicial, que, con los datos en la mano, informaban que desde 2009 el cómputo de denuncias falsas ascendía como máximo al 0´01% de los casos denunciados, una cifra totalmente residual y que es incluso menor que las detectadas en otros tipos de delitos.
Es indignante que se recurra a este tipo de argumentos cuando la realidad es que en lo que llevamos de año ya se han recogido más de 30.000 denuncias y sabiendo que muchísimas mujeres ni siquiera denuncian su situación, incluidas muchas que, desgraciadamente, acaban siendo víctimas mortales. Recordamos que de las víctimas mortales reconocidas por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad a día 9 de septiembre de este año (29), no llega al 14% las que habían interpuesto denuncia. Por tanto, lo que debemos hacer es reforzar el sistema de atención y protección para que las mujeres que sufren malos tratos confíen y se decidan a dar el siempre difícil paso de denunciar y persistan en el esfuerzo de acabar con esta situación. Por otro lado, también se nos atragantan las referencias a las mujeres agresoras y a los hombres maltratados, otros de los mitos recurrentes que, a nuestro juicio pone en evidencia la incomprensión y desconocimiento de la esencia que sostiene el argumentario de la Ley Órganica 1/2004, de 28 de diciembre de medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. En el 1º párrafo del Art. 1 de esta ley se dice: «La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia». Hablar de mujeres agresoras y hombres maltratados como si el número de casos fuese relevante, es no entender el principio básico de la ley que acabamos de mencionar, es decir, el reconocimiento de que vivimos en una sociedad desigual, discriminatoria, sexista y machista que hay que combatir con todos nuestros medios. No negamos que pueda existir algún caso pero no se pueden consentir comparaciones ni en su cantidad, ni en su incidencia social ni en su intención.
Y vamos a otro de los mitos, «las mujeres aguantan porque quieren si no huirían rápidamente de esta situación», escuchamos en algunas conversaciones sobre el tema. Incidir tan insistentemente en las retiradas de denuncias o las renuncias a recurrir también, a nuestro juicio, revela cierto desconocimiento del funcionamiento de la violencia de género y su incidencia en las manifestaciones psicológicas y en la conducta de las mujeres que la sufren. El padecimiento de este tipo de violencia a lo largo del tiempo suele causar en las mujeres miedo, baja autoestima, inseguridad, indefensión, sentimiento de soledad y desconfianza, vergüenza, conductas ocultatorias o justificaciones, culpabilidad. Sentimientos, pensamientos y conductas que les dificultan aguantar un proceso judicial y encontrar las fuerzas para superar los obstáculos. Añadiendo a todo ello la dificultad que supone en muchos casos probar el maltrato, sobre todo el psicológico, dado que suele darse en el seno privado del hogar.
Hay muchos otros mitos sobre este tema: que los hombres maltratadores tienen problemas mentales o de adicción; que la mayoría de las veces son episodios aislados de falta de control de la ira; que hay un perfil de maltratador (el único perfil es ser machista) y unos factores de riesgo para las mujeres (el único factor de riesgo es ser mujer); y un largo etcétera. Mitos, todos ellos rebatidos por los estudios serios sobre la violencia de género, y cuyo objetivo es perpetuar el statu quo, por lo que deben ser destruidos mediante compromiso, formación, coeducación, sensibilización y prevención.
Por tanto, y para acabar, reiterar nuestra satisfacción por disponer en Ibiza de un Juzgado contra la Violencia hacia la Mujer; reiterar la exigencia de subsanar la falta de medios y de personal para que su funcionamiento llegue a ser excelente y apoyar a los y las profesionales que acompañan en esta difícil situación a las mujeres que sufren malos tratos. Pero somos conscientes de que la potencia de los valores machistas nos permean a todos y todas por lo que tienen de acervo cultural, por tanto, se requiere una especial formación en perspectiva de género para identificar y detectar estos valores en una/o misma/o, resistirse a su influencia y buscar nuevos caminos donde la equidad sea el cimiento de nuestro pensamiento y de una sociedad más justa e igualitaria. Así que reiteramos también la necesidad de ampliar y mejorar la formación de estos y estas profesionales para optimizar la sensibilidad y el conocimiento sobre el perverso efecto que el sexismo, la desigualdad y la violencia de género tienen sobre las mujeres y sobre los hombres. Esperemos que la entidades competentes tomen nota y pongan en práctica medidas en este sentido cuanto antes.