sábado, 12 de enero de 2008

¿ Razones para Casarse ?:Tópicos.....

Diez razones falsas para casarse

Además de causas de fondo, muy fundamentales, que dificultan la armonía conyugal en el mundo de hoy, existen otros muchos motivos más concretos que constituyen la antecámara de un fracaso matrimonial.
Se trata, como suele decirse, de matrimonios equivocados desde el principio.
Entre las muchas falsas razones que podrían inducir a alguien a casarse con una determinada persona, señalamos las más frecuentes:
1. Atender sólo al atractivo externo de la pareja, o incluso al dinero, posesiones, posición y vida social, etc., olvidando o no dando importancia a aspectos más decisivos como su carácter, su personalidad, sus defectos y virtudes, los intereses comunes y su concepción de la vida. Como sugiriera Cantú, «ciertos matrimonios creados únicamente por la belleza se vician al desvanecerse la ilusión. Es preciso buscar las cualidades personales y, principalmente, las morales».
O, lo que viene a ser muy parecido, resulta prudente apreciar al novio o a la novia por lo que en realidad es, y no por lo que aparenta, por lo que hace, ni mucho menos por lo que dice o promete. «Mientras que para enamorarse no hace falta pensar, sí que es preciso hacerlo para reconocer el amor», nos recuerda Brancatisano.

2. Idealizar sus virtudes, sin caer en la cuenta de que en parte son el fruto del propio enardecimiento romántico, no del todo realista. El auténtico amor de voluntad es clarividente y nos ayuda a descubrir las notas positivas y a apreciar y comprender los defectos del ser querido; por el contrario, como venimos repitiendo, el simple amor sentimental resulta bastante ciego para los déficits y engrandece hasta la desmesura e incluso inventa las cualidades.

3. El miedo a quedarse solos o a hacer el ridículo. Aunque hoy la edad media de quienes se casan se ha elevado notablemente en la mayoría de los países de nuestro entorno, no falta quien, con tal de no arriesgarse a ser un solterón o una solterona, y con el terror a envejecer demasiado pronto, se casa en la primera ocasión con quien le sale al paso o, más a menudo, sin madurar suficientemente esa decisión trascendental.
Todos estamos obligados a tener muy en cuenta la sublimidad de la propia persona y el inmenso abanico de posibilidades de enriquecerla y hacerla florecer y dar fruto: en ningún momento de nuestra biografía deberíamos limitar el horizonte vital al de pescar a toda costa una mujer o un marido.

4. El afán de independencia respecto a los propios padres. Quien sufre por un sometimiento excesivo a sus familiares tiende a ver en el matrimonio una especie de liberación, y la decisión de formar un hogar propio, incluso demasiado pronto, puede venir determinada por el deseo de emanciparse.

5. El punto de honra de quien quiere afirmarse, ante la oposición de sus padres respecto a la elección de la pareja. Mantener la propia opción puede ser algo bueno, con tal de no hacer de ella una cuestión de victoria personal. En el objetivo de cualquier miembro de un matrimonio ha de estar siempre la felicidad y el bien del cónyuge, y no un deseo algo infantil de afirmación del yo.

6. El miedo a interrumpir un noviazgo oficial y socialmente alentado. Tal temor puede constituir una seria dificultad para quienes no posean el hábito de tomar decisiones con libertad y responsabilidad propias, sobre todo cuando la presión de los padres, parientes o amigos es intensa.
El temor a producir un grave disgusto a los familiares, entusiasmados ante un determinado partido o materialmente interesados en él, ha inducido a más de uno y de una a casarse con la persona equivocada.

7. El terror al escándalo, cuando la chica queda embarazada (y cuya respuesta jamás debería ser el hoy tan utilizado recurso al aborto). A menos que se hubiera decidido el matrimonio antes de la concepción y con plena libertad, es desaconsejable precipitarlo. Sería mejor esperar a que nazca el niño y después, con calma y con serenidad, los dos estarán mejor dispuestos para tomar una determinación ponderada.

8. Casarse con alguien por la compasión que produce su situación y pensando que de este modo se le podrá ayudar. Aun cuando la compasión es un sentimiento nobilísimo, no resulta equiparable al amor ni lo sustituye: por tanto, ese matrimonio está destinado al fracaso como matrimonio.. . y como obra de caridad.

9. Pensar que el matrimonio pudiera constituir un remedio para las propias anomalías psicoafectivas (como, por ejemplo, en caso de homosexualidad). Quien no logra superar ciertas desviaciones afectivas no debe hacerse la ilusión de encontrar en el matrimonio un talismán que todo lo cura. Por el contrario, debe considerar la eventual grave injusticia que comete contra su pareja. Recordando además que si llegara a demostrarse que el matrimonio se contrajo con dolo, también la Iglesia lo declarará nulo.

10. Buscar en el marido un padre y en la mujer una madre. Sucede esto a quienes, por inmadurez afectiva, «descubren» en la pareja la figura del propio padre o de la propia madre. Ciertamente, este factor juega a veces algún papel en la relación conyugal correcta. Pero es imprescindible evitar que semejante inconsciente identificación acarree un desequilibrio en el trato normal entre los esposos.

Datos: Solicitudes en Valladolid sobre Custodia Compartida

Sólo el 10% de los separados pide la custodia compartida de hijos al inicio del procedimiento

http://www.nortecastilla.es/20080111/valladolid/solo-separados-pide-custodia-20080111.html

11.01.2008 – J.M.

Los padres reconocen que los jueces conceden cada vez más regímenes de visitas para estar con los menores.

Solamente el 10% de las parejas que tramitan su divorcio en Valladolid solicitan a los jueces una custodia compartida en el inicio del proceso de divorcio, según datos facilitados por la Administración de Justicia.

En la mayoría de los casos, los Equipos Psicosociales, dependientes de los Juzgados, realizan una exploración, tanto de los conyuges como de los menores, para determinar si esa custodia puede o no ser admitida judicialmente.

Fuentes de los Juzgados de Familia reconocen que a pesar de no reconocerse esta situación han existido casos en los que «algunos de los hijos han optado por vivir con el otro progenitor». «Hasta hace unos años el padre se veía apartado judicialmente de sus hijos.

Nosotros entendemos que desde hace poco ha cambiado el comportamiento de los jueces y se nos ha dejado de 'maltratar' como se hacia antes con las sentencias que favorecían más a las madres», recuerda Francisco Bravo, presidente de los Padres Separados de Valladolid.

Según este colectivo, los jueces de Valladolid otorgan cada vez más a los progenitores regímenes de visitas más amplios, circunstancia que hace cinco años era impensable.
Francisco Bravo sostiene que la custodia compartida debería de «ser automática en el caso en el que los dos progenitores estén de acuerdo.En el momento que la madre se niegue a la custodia conjunta real, el padre se encuentra indefenso frente a la ley».

Para el presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados de Valladolid, la Justicia continua todavía «manteniendo esquemas tradicionales por cuanto que sostiene que pese a que la mujer está plenamente integrada en la vida laboral los tribunales siguen dando a la madre la custodia de los hijos habidos en el matrimonio».

Nota: La APFS no aprendera nunca, es como Hablar en el desierto..... poco ayuda a la Causa de la Custodia Compartida.
Para el Mutuo Acuerdo, no es necesaria una Ley. Ya estuvimos así, durante 24 años,......

Por fin se reconocen las Falsas Denuncias por MalosTratos

http://www.eldiadecordoba.es/article/cordoba/27843/iam/reconoce/algunas/mujeres/fingen/malos/tratos.html

El IAM reconoce que algunas mujeres fingen malos tratos
Las actitudes de favor a la hora de acceder a una vivienda pueden ser la causa de una práctica que, aunque de forma mínima, se da en la provincia y en Andalucía.
A. Calero 12.01.2008

El endurecimiento de las penas y el trato de preferencia para las mujeres maltratadas puede ser un arma de doble filo a la hora de luchar contra esta lacra.
De hecho, y según reconoció ayer la directora del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) en Córdoba, María Paz Gutiérrez, hasta este organismo han llegado casos de presuntos malos tratos que han resultado ser falsos.

El objetivo de las mujeres que recurren a esta práctica es formar parte de un grupo de preferencia a la hora de acceder a una vivienda de protección oficial (VPO), aprovechar las medidas cautelares en el ámbito penal en temas como la custodia de los hijos o disfrutar de una pensión.

Gutiérrez explicó que el instituto trabaja para poder detectar posibles denuncias falsas aunque hay otras ocasiones en las que las demandas no resultan válidas por falta de pruebas, lo que no significa que sean mentira.
Este hecho perjudica al colectivo de mujeres maltratadas que durante largos años ha sufrido agresiones en silencio y que, ahora, gracias al apoyo de las Administraciones, pueden atajar el problema.

La representante del Instituto Andaluz de la Mujer en Córdoba reconoció también un aumento del número de denuncias de malos tratos por parte de chicas jóvenes.
Gutiérrez explicó que la media de edad de las denunciantes es de 35 a 45 años, "aunque ha habido una evolución y ahora se presentan quejas de personas más jóvenes".

En este sentido, aseguró que "nos preocupa que las chicas se sientan identificadas con el sistema judicial y denuncien a pesar de su corta edad".
Gutiérrez explicó además que la solución para prevenir tratos vejatorios a la población femenina es la educación desde los institutos y colegios y la reinserción de los maltratadores.

No obstante, la presidenta del Observatorio contra la Violencia Doméstica, Montserrat Comas, aseguró el jueves durante unas jornadas que "en España no se ha detectado el problema de denuncias falsas" porque la cifra de mujeres que realizan esta práctica "es prácticamente irrisoria".

miércoles, 9 de enero de 2008

Coresponsabilidad Parental: Los Niños son lo más Importante

http://blogs.publico.es/dominiopublico/
Corresponsabilidad parental
08 Ene 2008
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FRANCISCO SERRANO CASTRO
Hoy en día resulta evidente que la sociedad ha evolucionado. Nos encontramos ante el dinamismo de una familia moderna que ha superado los tópicos y esquemas de la familia tradicional, en la que la mujer ha alcanzado cuotas de dignidad e igualdad, aun cuando para muchas aún se trate de un reto por conquistar.

Estamos ante una nueva familia en la que la mujer, mediante su incorporación al mercado laboral, cobra protagonismo en la responsabilidad de atender económicamente a su sustento, y en la que, por tanto, el varón debe asumir que también tiene que compartir la atención de las tareas domésticas, especialmente en lo que concierne a las funciones nutrientes de crianza y cuidado de los hijos e hijas.

Un padre, en definitiva, que ha de reorientar su papel periférico alejado y relegado en la vida y desarrollo de la prole.
Se tiene que superar la concepción e imagen del padre o madre no custodios visitadores.

Especialmente en el caso de los padres, resulta sumamente importante que sean ellos mismos los que lo logren, ya que para muchos su meta exclusiva sigue siendo poder estar con sus hijos en fines de semana alternos, unas horas entre semana como mucho, la mitad de las vacaciones de Navidad, Semana Santa y un mes en verano.

No digo que se trate de un modelo de padre visitador criticable, pues muchas veces, si este modelo se cumple e interpreta con flexibilidad, puede dar buenos resultados.
Pero lo cierto es que tal esquema se tiene que empezar a cuestionar si lo que se pretende es alcanzar una implicación y corresponsabilidad plena en la crianza de los hijos/as tras la separación o divorcio.

Muchos padres se limitan a exigir el derecho a estar con sus hijos cuando les corresponde, pues, en el fondo, un fin de semana se hace agradable y pasajero, llevando a los niños de paseo, al parque o a comer a una hamburguesería.

Es lamentable que, cuando en una ejecución por incumplimiento, le he advertido a la madre que de persistir en su actitud podía cambiar el régimen de guarda y custodia, el propio padre se ha cargado mi intención terapéutica y persuasiva con un “Señoría, perdone, pero yo lo que pretendo no es quedarme con los niños, de los que no me puedo ocupar a diario, sino sólo poder verles cuando me toca”.

Tras la separación o el divorcio, el modelo de guarda y custodia monoparental exclusivo presenta unas profundas quiebras que repercuten negativamente en madres, padres, hijos e hijas. A pesar de ello, este modelo no se puede descartar.

Lo más importante es que ambos progenitores asuman y se comprometan en el ejercicio conjunto de corresponsabilidad parental que han de intentar armonizar en interés de los hijos o hijas, fomentando lazos de vinculación sólidos y estables paterno y materno-filiales.

En ese esfuerzo conjunto de madurez, estimo que la solución más beneficiosa, la que facilita la mejor adaptación de los niños/as, la que repercute en mayor satisfacción parental y un mejor clima de cooperación y comunicación, relajando e incluso eliminando el conflicto interparental es el modelo de custodia compartida.

Ciertamente todo el mundo, incluso los sectores hembristas o feministas radicales, termina reconociendo la evidencia de los efectos positivos y de las ventajas que introduce ese modelo de coparentalidad, si realmente marginamos otras cuestiones vinculadas que serían extrañas al interés de los hijos y estarían más cercanas al interés de los adultos enfrentados (vivienda, pensiones).

Entonces, la pregunta que cabría plantearse es: en caso de conflicto:
¿habría que sancionar al progenitor que defiende el modelo que resulta, en verdad, más beneficioso para el hijo/a, otorgando la custodia a quien se opone al mismo y defiende otro de custodia exclusiva?
¿Cabría, pues, intentar evitar el sufrimiento infantil, otorgando la custodia exclusiva al progenitor que, a la postre, estaba dispuesto a un régimen compartido?

Estoy seguro de que el sabio rey Salomón habría respondido negativa y afirmativamente, en ese orden, a las cuestiones planteadas.
De hecho, un posicionamiento semejante por jueces, fiscales y equipos psicosociales conduciría a reducir el nivel de contenciosidad y conflictividad en materia de custodia.

Sólo recordar que la Ley francesa de Autoridad Parental establece que el juez, cuando tenga que pronunciarse sobre las modalidades del ejercicio de la autoridad parental, tendrá especialmente en consideración, entre otros elementos, los siguientes:
1. La práctica que los progenitores hayan desarrollado con anterioridad, o los acuerdos que hubieran podido alcanzar anteriormente.
2. Los sentimientos expresados por el menor, en las condiciones previstas por la ley.
3. La aptitud de cada uno de los progenitores para asumir sus deberes, y respetar los derechos del otro.

Aun cuando nuestra ley civil no lo diga expresamente, lo mismo cabría predicar, como decía, en lo que concierne a la valoración de la aptitud de obstrucción de derechos del otro progenitor y de los propios menores, que cabría colegir e interpretar en aquel progenitor, padre o madre, que se opusiera a un régimen de custodia compartida posible, viable y que podría resultar altamente beneficioso y positivo para los intereses de los hijos menores.

Quizá ese régimen no podría prosperar con ese planteamiento obstruccionista de uno de los progenitores, mas insisto, ello debería ser causa suficiente, en todo caso, para considerar que la idoneidad para la custodia exclusiva se haya de otorgar al otro, que era favorable a ese régimen de custodia compartida, pasando a disfrutar aquel o aquella del régimen de visitas que pretendía para éste. Lo contrario sería jugar con cartas marcadas.

En definitiva, se trata de hacer realidad una máxima del principio de igualdad: la de que hombres y mujeres, exista o no ruptura, han de compartir, plenamente, todas las responsabilidades familiares.
Francisco Serrano Castro es Magistrad-Juez de Familia de Sevilla.