domingo, 14 de septiembre de 2008

Septiembre mes de las Rupturas de Pareja

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Carmen Posadas: AMORES EXÓTICOS/Amores Tóxicos

Es cosa bien sabida que septiembre es el mes del año en el que más rupturas amorosas se producen.
Por lo visto, y según dicen los expertos, el hecho de que en verano la convivencia sea más estrecha hace que la gente se dé cuenta de las muchas carencias que tienen sus relaciones personales y decide ponerles punto final.

Naturalmente, es triste que una pareja se rompa y todos lo lamentamos, pero hoy quiero mirar el otro lado del desamor, el que, lejos de ser un fracaso, es más bien un éxito o, mejor aún, una salvación.
Hablo de lo que podríamos llamar `amores tóxicos´, esos que sabemos nos hacen un daño considerable y, sin embargo, no somos capaces de dejar.
La 1ª noticia que tuve yo de la existencia de este tipo de amor fue a través de una persona a la que quería muchísimo.
Un día, tratando de explicarme lo que era la gran tragedia de su vida, él me enseñó una foto de su pareja. «¿Ves? –me dijo–, cuando conocí a X escribí lo que aquí ves en el reverso de esta foto suya que llevo en mi cartera desde hace más de 20 años.»

Entonces me enseñó una frase de Lucrecio cuyas palabras exactas no recuerdo, pero que se parecían curiosamente mucho a esa copla que dice: «Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque no vivo y sin ti porque me muero».
La persona de la que hablo y a la que yo tanto quería murió un día ya lejano en un accidente de automóvil y aún llevaba aquella foto en la cartera.
Nunca tomó una decisión y hasta el día de su muerte, yo lo sé bien, fue terriblemente desdichado.

Por eso, desde entonces observo con verdadero recelo esos amores tóxicos que tanto daño hacen. Podría argumentarse que, hoy en día, amores de esta naturaleza no tienen razón de ser. Antiguamente, las costumbres, la presión social y la ausencia de una ley de divorcio impedían poner fin a este tipo de relación.
Ahora, en cambio, parejas se rompen todos los días por causas minúsculas, nimias, nadie aguanta nada y las mujeres, menos aún.

Sin embargo, como sabemos por las escalofriantes cifras de violencia doméstica, a pesar de la facilidad para separarse, otros lazos aún más tiránicos que las costumbres, la presión social o incluso los hijos atan a ciertas personas en esa desdichada espiral de amor letal.

¿Qué hace que uno se aferre así a una relación que le es tan perjudicial?
¿Qué nos obliga, a pesar de toda evidencia, a intentar mantener con vida un amor que evidentemente está acabado?
¿Qué nos obliga a hacerle el boca a boca a un cadáver?

Psicólogos y antropólogos señalan varias razones para ello.
Unos dicen que las personas que se ven atrapadas en amores tóxicos son inseguras, infantiles, con una baja autoestima que las obliga a pensar que su mundo estaría acabado sin esa persona a la que aman a pesar de los pesares.
Otros apuntan a razones económicas, o a presiones sociales, y hablan también de una adicción al amor que se parece peligrosamente a otras adicciones, como al alcohol o las drogas.

A todas estas razones yo añadiría dos más que pueden parecer menores, pero quizá no del todo desdeñables.
Una es la inercia. El ser humano tiene una querencia innata a continuar como está.
Los cambios producen temor y cuantos más años cumplimos, mayor es el vértigo.
La otra razón es una que podríamos llamar, falsamente, romántica. Los que sufren este tipo de adicción amorosa siguen ‘enamorados’ de esa persona que les hace sufrir.
Pero en realidad no lo están de la persona que es ahora, sino de la que fue en tiempos, por eso creen que la pueden cambiar, que la pueden recuperar.

Eso, precisamente, es lo que yo llamo `hacerle el boca a boca a un cadáver´, a pesar de la frustración que produce, a pesar también del coste personal que supone.
Sí, sin duda, lo más peligroso de los amores tóxicos es que no impiden darnos cuenta de que no se trata de amores, sino de cadáveres y que cuanto antes los enterremos, mejor.

Hay relaciones que matan y otras que no dejan vivir; dejemos que ambas descansen en paz, es lo mejor para ellos, y desde luego también para nosotros.
Existe vida después del amor, estén ustedes seguros, mucha vida y, por tanto, también la posibilidad de otros amores.

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