sábado, 29 de marzo de 2008

Cine EE.UU. sobre el Divorcio en los años 80.

Cine: divorcio sin edulcorantes
http://www.protestantedigital.com/new/martes.php?1514

En el barrio neoyorquino de Brooklyn, una familia liberal judía se viene abajo en los años ochenta. Los padres se divorcian y los hijos asumen con amargura la custodia compartida.
Una historia de Brooklyn es una película que acaba de aparecer en DVD y cuenta una experiencia que no es nueva, pero que ha marcado la vida de muchas personas.

Es el caso de Noah Baumbach, un joven director de cine, cuyo debut es un ajuste de cuentas con toda una generación.
Su resentimiento nos muestra que no somos todavía conscientes de las consecuencias traumáticas que ha producido el divorcio en algunas personas.

La visión de una cinta como ésta es dolorosa, pero necesaria, para comprender el efecto que tienen nuestras decisiones en la vida de nuestros hijos…
Aunque Una historia de Brooklyn se desarrolla en los años ochenta, nada tiene que ver con una película como Kramer contra Kramer.

La amargura de la historia de Baumbach rompe brutalmente con la gazmoñería con la que el cine ha tratado hasta ahora el divorcio.
No se abusa aquí de los ingredientes dramáticos, ni de la comedia de enredo.

El guionista de Wes Anderson aborda frontalmente el asunto, recreando su propia experiencia, pero con la voluntad de construir un discurso, que pretender ser incluso analítico y distante, hasta llegar a ser exhaustivo.
Su sucia estética contrasta con una mirada limpia y transparente, que retrata la humanidad de unos personajes, que sufren, ríen, se avergüenzan y luchan para sobrevivir.

Todo respira autenticidad.
Ésta es, claro una película independiente, a años luz de la mayor parte de las gansadas, que nos llegan del otro lado del Atlántico.
Muy recomendable, insobornablemente honesta, porque no ahorra ni siquiera la autocrítica.
Una historia adulta, que huye de las descalificaciones, en un intento de explicarse por qué se rompió una pareja, unida durante dieciocho años.

Todo eso sí, desde la perspectiva de unos hijos, para los que el matrimonio podría durar eternamente. Una solemne reflexión, para estos tiempos de divorcio-express y matrimonios con fecha de caducidad…

DUELO EN LA CUMBRE.
En una escena clave de Una historia en Brooklyn aparece un panel explicativo de un diorama del Museo de Ciencias Naturales de Nueva York.
Se titula Choque de titanes y alude al duelo que podría traer un encuentro entre una ballena y un calamar gigante, en lo más recóndito de las profundidades marinas.

El nombre de estos animales es el titulo original de la película, que como suele ser habitual, los distribuidores españoles han cambiado, en este caso por el de un célebre libro de Paul Auster, para alimentar los equívocos o tal vez ahuyentar a los aficionados de la fauna marina…

Los Berkman son un matrimonio de neoyorquinos intelectuales de clase media, judíos, licenciados en literatura inglesa.
Bernard (interpretado por el felizmente recuperado, Jeff Daniels) se dedica a dar clases en institutos y colegios privados. Hace años publicó una novela de cierto éxito, pero sin ninguna continuación.
Joan (la siempre maravillosa Laura Linney) se gana la vida escribiendo y dando seminarios, en los que empieza a brillar su talento.
Hay entre ellos una cierta competición, que en él se muestra patéticamente desde el escenario de un partido de tenis, hasta en los intentos constantes de conquistar el amor de sus hijos...

El menor, Frank se aferra a una madre, que no sabe manejar sus propios sentimientos, en el antiguo apartamento familiar.
El mayor, Walt se identifica más con su padre, aunque no sea más que un ególatra, incapaz de asumir su frustración.
Viven en un cuchitril con las paredes a medio empapelar, donde Walt padece la inestabilidad emocional de la adolescencia, atraído por una compañera de clase, a la que no sabe tratar bien. Mientras Frank ha descubierto la masturbación, su madre se enrolla con un profesor de tenis (el divertido William Baldwin) y el padre anda con una de sus alumnas (la cada vez más soberbia, Anna Paquin)….

COSTES HUMANOS.
En el cine, lo realmente complicado es hablar de personas. De personas de verdad, porque para monstruos y naves espaciales, no hacen falta más que efectos digitales…
Para esas películas, todo es cuestión de presupuesto, ya que se juega seguro.
Una historia de Brooklyn se tira sin embargo sin red.
Sus diálogos son pasmosamente naturales. Nacen de la cotidianeidad de quien ha vivido estas experiencias en primera persona.
Hay a veces ramalazos de humor negro e incisiva ironía, pero es para evitar toda caída en un dramón tramposo.
Baumbach maneja las elipsis, imprimiendo a sus imágenes una aplastante sensación de realidad.

Nos enfrentamos aquí al agrio mundo del divorcio, con una increíble sutileza y lucidez. Aunque el director niegue por supuesto, que la historia es autobiográfica, no sólo es hijo de divorciados, sino que también es un judío neoyorquino, nacido en 1969.
De hecho se rodó en tres semanas en el barrio donde nació, una parte de Brooklyn, que se llama Park Slope, así como en su propio instituto (Midwood High) e incluso en la casa de un viejo amigo, que utiliza como escenario.

Por si fuera poco, Jeff Daniels utiliza incluso la ropa de su padre.
Baumbach, está por cierto casado con una actriz famosa, Jennifer Jason Leigh, que ha hecho muchos papeles ariscos, bastante atormentados...
Este es un retrato descarnado del divorcio. Una película intensa, que mira a los personajes con desarmante comprensión.
Su confusión nos revela la tragedia de nuestros errores. Aunque es cierto que nadie se salva por la salud de su matrimonio, ni se pierde por su fracaso, no es extraño que el Manual de Instrucciones diga que nuestro Creador lo aborrece (Malaquías 2:16).

Es la ruptura de un pacto.
El matrimonio no es un invento humano, ni una convención social (Génesis 2:24; Mateo 19:6), pero su sabiduría es evidente.
Por lo que no debemos ver nuestras promesas de fidelidad como una sentencia por vida al aburrimiento, sino como la oportunidad de compartir profundamente una intimidad, sin la cual nadie puede crecer con seguridad y confianza.

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